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EDITORIAL Correa y Chávez, amordazadores
Ecuador y Venezuela son escenario, en este momento, de un ataque sistemático dirigido personalmente por los presidentes de ambos países, Rafael Correa y Hugo Chávez, quienes son prácticamente gemelos en lo que se refiere a su desprecio por la libertad de expresión, sobre todo en su modalidad de crítica hacia las acciones gubernativas.
El mandatario venezolano acaba de lograr que no sea renovada la concesión del canal de televisión Radio Caracas TV (RCTV), la más antigua de Venezuela. Miles de ciudadanos salieron a las calles para protestar por la medida, pero sin éxito.
A finales de este mes será sustituida por un canal afín a la ideología de Chávez, quien desde hace tiempo ha utilizado sus larguísimas presentaciones por los medios audiovisuales que controla, para atacar sistemáticamente a todas las voces disidentes.
Por su parte, el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, se encuentra en una guerra abierta contra la prensa independiente. Primero, intervino para multar por US$5 millones al periódico La Hora, porque considera injurioso que ese diario haya dicho editorialmente que el mandatario gobierna “con tumultos, golpes y palos”.
El sábado recién pasado expulsó de la casa de gobierno a un columnista de El Universo, y ayer anunció que someterá a la Constituyente, bajo su control, la Declaración de Chapultepec, para que decida si es constitucional y si beneficia a los ecuatorianos, así como mecanismos para regular la Prensa.
La democracia tiene la particularidad de que, en determinadas circunstancias, permite la llegada al poder de regímenes y de gobernantes de tendencia totalitaria o dictatorial, que luego la destruyen.
Estas personas se parecen en que no aceptan la crítica y siempre la señalan como el resultado de contubernios o de otro tipo de acciones oscuras. Echan mano de mecanismos como las constituyentes, para que éstas engendren cartas magnas hechas a la medida de los intereses coyunturales políticos.
El resultado es que un porcentaje muy alto de dictaduras tiene orígenes en las elecciones, sin importar el signo ideológico. Es preocupante, entonces, que un candidato ofrezca como parte de su campaña llamar a una constituyente, porque no es muy difícil colegir que entre los cambios más evidentes serán aquellos que de manera sutil o grosera afecten el derecho de los ciudadanos a ser informados y a recibir comentarios, y el de los medios, de ejercer su trabajo de vigilantes del comportamiento de quienes ejercen el poder.
Resulta igualmente preocupante ver cómo existe un retroceso en muchos países respecto de la actividad de los medios informativos. Estados Unidos y Rusia pertenecen a este grupo, donde esta libertad se encuentra disminuyendo poco a poco, o simplemente dejó de existir, para regresar a lo que se llaman los tiempos anteriores.
Cualquier forma de limitar el derecho a la información es una mordaza, y como tal, afecta los demás derechos y libertades de los seres humanos. Una sociedad donde ocurre esto, indefectiblemente retrocede porque se convierte en una víctima fácil de la dictadura. La historia se ha encargado de registrar la totalidad de casos donde ha ocurrido.
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