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Empleadas domésticas hipotecan su vida
Cuidan a los hijos, limpian la casa, cocinan y hacen las compras
Por:
Lorena Seijo
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| La mayoría de trabajadoras domésticas tienen muchas obligaciones, pero pocos derechos laborales. (Foto PL: Daniel Herrera). |
Por menos de Q1 mil al mes, cuidan a los hijos, limpian la casa, cocinan y hacen las compras, sin horario establecido de trabajo. Así es la vida de una trabajadora doméstica, cuyo empleo tiene miles de obligaciones, pero pocos derechos.
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Las organizaciones de mujeres han peleado la aprobación de la ley que regule el trabajo doméstico y las modificaciones al Código de Trabajo, pero los diputados no han permitido que la propuesta pase de la primera lectura, lo cual incide en que los abusos contra las trabajadoras de casa particular continúen sin control por parte de las autoridades, en el país.
Elisa* vino de Coatepeque cuando tenía 18 años a trabajar como empleada doméstica. Estaba convencida de que sus posibilidades de superación serían mayores en la capital. No había tenido la oportunidad de estudiar y en su municipio no existían opciones laborales.
El perfil de la trabajadora doméstica suele ser mujer, joven, sin estudios, nacida en la provincia y sin familia que la respalde. Estas características las hace más vulnerables a la explotación y al abuso de sus empleadores, que en muchos casos consideran que les están haciendo un favor al contratarlas.
“Yo cuidaba a cuatro niños, limpiaba la casa, los iba a dejar a la escuela, cocinaba... hacía de todo”, cuenta Elisa, cinco años después de llegar con las manos vacías a la ciudad.
Cobraba Q700 porque sus empleadores consideraban que darle techo bajo el que dormir y un plato de comida era suficiente.
“Cuando uno pasa mucho tiempo con una familia, llegas a crearte la ilusión de que es la tuya, porque los niños te quieren, porque vives ahí, así que no exiges subidas de sueldo y dejas a un lado tu propio desarrollo personal”, dice Elisa.
Las trabajadoras domésticas sólo descansan los domingos, día que sus patrones les dan permiso para ir a estudiar o para pasear con sus amigos. En la mayoría de los casos no tienen contrato, ni derecho a seguridad social, tampoco bono 14, aguinaldo y mucho menos pago de horas extras.
“Nosotras siempre estamos ahí, si ellos quieren salir de fiesta, si necesitan que atiendas a los niños a altas horas de la noche, no tenemos vacaciones ni nos pagan lo suficiente para poder ahorrar”, afirma Mildred Díaz, integrante del Centro de Apoyo a las Trabajadoras de Casa Particular (Centracap), que capacita y asesora a las trabajadoras de casa. “El vivir todo el tiempo en la casa te impide conocer gente, conformar tu propia familia, de hecho si quedas embarazada o te casas, lo más probable es que tengas que dejar tu trabajo”, lamenta.
Elisa es ejemplo de ello. Quedó embarazada a los tres años de estar trabajando para la misma familia. El padre del bebé la dejó al mes y medio de embarazo. “Yo no sabía qué hacer porque tenía miedo de volver a mi casa en ese estado y sola, sin dinero, pero también tenía miedo de decírselo a mis empleadores”, recuerda.
Cuando empezó a revelarse físicamente su estado, Elisa se lo contó entre lágrimas a su jefa. “Aunque en un principio me dijo que no había problema, que podía seguir con ellos y tener mi bebé en la casa, no era cierto”, comenta.
Con seis meses de gestación su patrona la obligaba a hacer labores de riesgo, como lavar alfombras a mano o subirse a escaleras para limpiar cristales. “También empezó a controlarme la comida, si antes podía sentarme con ellos a almorzar, ahora comía aparte y sólo una vez al día”, lamenta aún hoy con los ojos humedecidos.
“Yo quería a sus hijos como que fueran míos, pero no lo eran, así que un día le dije que tenía que poner por delante la vida de mi hijo y dejé el trabajo”, afirma.
Pero como Elisa no podía volver con su familia a Coatepeque tuvo que buscar trabajo en otro hogar. Por estar embarazada, lo máximo que consiguió que le pagaran fueron Q500. “Yo le dije a mi nueva jefa que después de tener el bebé podía mudarme a Centracap, pero ella me dijo que no, que me iba a apoyar, que me quedara”, dice.
Al día siguiente de dar a luz en el pequeño cuarto en el que dormía, su patrona la levantó de la cama para que le hiciera el almuerzo.
Durante año y medio Elisa aguantó las vejaciones y mantuvo a Rocío, su bebé, encerrada en un cuarto, hasta que la situación se hizo insostenible.
Ser madre soltera es un patrón común entre las trabajadoras domésticas, que por la misma vulnerabilidad en la que viven nunca disponen de suficiente dinero para poder mantener a su hijo fuera de la casa donde trabajan.
La violación o el abuso sexual por parte del empleador o alguno de los hijos de éste es un patrón bastante repetido, del que en muchos casos también resultan embarazos no deseados.
“El año pasado recibimos dos casos de abusos sexuales, pero ninguno llegó a juicio porque las compañeras se encontraban en una situación muy vulnerable”, cuenta Mildred Díaz.
En uno de los casos la propia esposa llegó a la casa cuando su marido estaba forzando a la trabajadora, en un principio la apoyó judicialmente, pero cuando se reconcilió con él, la echó a la calle.
“Los salarios no pasan de los Q1 mil 500, ni siquiera en esas casas lujosas de la zona 15 o la carretera a El Salvador, aunque los patrones tengan mucho dinero, nunca quieren dar un salario justo”, condena Díaz.
La única posibilidad de las trabajadoras domésticas para ganar algo más de dinero es ser contratadas por horas, pero para ello tienen que tener lugar propio dónde vivir, algo que para las muchachas llegadas de los departamentos es más complicado.
El cumplir años también es un riesgo para las empleadas, ya que a medida que se van haciendo mayores se les dificulta cumplir con los requerimientos de sus jefes. “Nosotras tenemos compañeras que ya están grandes y que ahora las familias, después de años de vivir con ellos, ya no las quieren”, cuenta Mildred.
Estas mujeres están solas, nunca tuvieron hijos, ni marido, lo dieron todo por la familia que las contrató y ahora simplemente no tienen nada propio a qué aferrarse. Sin derecho a pensión y sin una familia que las ayude, su futuro se torna complicado.
“Tampoco tenemos seguro social, ni nos pagan un médico particular, la mayor preocupación que tienen es qué van a hacer con los niños, a veces ya adolescentes, si nosotras faltamos un día por ir al médico”, apunta.
Pero no todos los casos son iguales. Hay familias que pagan a sus empleadas unos Q2 mil 800, tienen bono 14 y aguinaldo, seguro médico privado y sus horas libres establecidas. El problema es que esto depende de la buena voluntad del empleador.
Tanto Elisa como Mildred piden a los nuevos diputados y magistrados que aprueben las reformas al Código de Trabajo y que saquen adelante la iniciativa de ley que regula la situación laboral de las trabajadoras domésticas.
“Estoy segura de que la mayoría tiene alguna trabajadora doméstica en su casa, cuidando de lo que más quieren, de sus hijos. Sólo les pedimos que piensen si las personas a las que le entregan su mayor tesoro no merecen tener derechos”.
Congreso: Vacio legales
Una iniciativa que nunca llegó a buen puerto.
Unas 40 mil mujeres en la capital y 300 mil en el interior trabajan como empleadas del hogar.
De cada 10 personas que laboran en casas, dos son niños o niñas, y están expuestos a malos tratos, abuso sexual y hasta condiciones insalubres.
El Código de Trabajo no los tomó en cuenta, a diferencia de los obreros y campesinos, a pesar de que algunas de las empleadas domésticas cumplen jornadas de hasta 16 horas al día, por lo que no tienen salario mínimo establecido. Aunque hay recursos presentados en la Corte de Constitucionalidad, aún no han sido conocidos por los magistrados.
El artículo 164 no les contempla horario ni están sujetas a limitaciones en la jornada diaria. Tampoco están protegidas por el Seguro Social.
La iniciativa de ley presentada en el Congreso por las organizaciones de mujeres no ha pasado de la primera lectura.
Conquistas laborales ganadas hace más de 50 años no incluyen a este grupo, como el derecho a un día de descanso por seis días de trabajo y a los días de asueto con goce de salario.
Por otro lado, la iniciativa de ley no sólo contempla beneficios, también obligaciones: desempeñar el trabajo con honradez, responsabilidad, actuar conforme a las instrucciones recibidas y respetar la intimidad de la familia.
Sin denuncia: Dramas del hogar
La falta de legislación sobre los derechos de las trabajadoras domésticas genera, a la vez, que sean víctimas de numerosos abusos, entre ellos, el más grave, el abuso sexual.
Rara vez las mujeres se animan a denunciar, ya que esto supone abandonar su puesto de trabajo, enfrentarse a la familia y buscar otro lugar dónde vivir.
El impedir a la empleada que acuda al médico cuando está enferma o no darle de comer adecuadamente también son abusos que padecen habitualmente, pero que no son vistos como tal por sus empleadores.
En el caso de las jóvenes trabajadoras menores de edad, la familia tiene la obligación de darles tiempo para estudiar o, por lo menos, dejarlas recibir sus clases a distancia. En algunos casos, a pesar de que los programas educativos son difundidos por emisoras de radio, no se les da permiso ni siquiera para tener encendido el aparato.
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