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Guatemaltecos sin capacidad de ahorro
Limitaciones económicas impiden a la población tener reserva financiera
Por:
Carlos Menocal
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| La crisis bancaria ha generado entre los ahorrantes desconfianza hacia el sistema financiero del país. (Foto Prensa Libre). |
Las condiciones de pobreza de la mayoría de guatemaltecos, la falta de certeza jurídica en el sistema bancario y los pocos atractivos en los intereses de ahorro afectan al sistema, originando la pérdida de clientes y, por ende, entre otras cosas, que disminuya el ahorro.
Datos de la Superintendencia de Bancos (SB) dan cuenta de que en el 2006 se cerraron 235 mil 413 cuentas de ahorro, lo cual, según expertos, se debe a varias razones: la falta de credibilidad en el sistema, la crisis económica que afrontan muchos ciudadanos y la desconfianza en el sistema bancario.
En la mayoría de casos, las cuentas estaban dentro del intervalo de ahorro de entre 0 y Q5 mil.
En Guatemala, existen cuatro millones de cuentas de ahorro, lo cual indica que aproximadamente sólo el 30 por ciento de la población tiene capacidad de guardar dinero, el resto gasta todo lo que recibe.
De éstas, 3.5 millones son de menos de Q5 mil; hay 145 mil de hasta Q10 mil; 984 de hasta Q1 millón y 9 de más al menos Q25 millones, entre otras.
Las datos hablan por sí solos: las encuestas de condiciones de vida de los Guatemaltecos 2006, indica que el 51 por ciento vive en pobreza y el 15 por ciento de esa población en extrema pobreza.
Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Guatemala está entre los cuatro países más desiguales del mundo, con el 10 por ciento de los más ricos que reciben el 40.3 por ciento del ingreso y el 10 por ciento de los más pobres recibe el 1.7 por ciento de los ingresos totales.
En un país pobre
El economista Sergio Hernández cree que la causa principal del porqué los guatemaltecos no ahorran es por las condiciones de pobreza, a pesar de que trabajan de sol a sol.
Según él, la mayoría de trabajadores se encuentra en el sector informal y tiene un ingreso mínimo para alimentos, vestuario y vivienda.
El informe de Desarrollo Humano, Guatemala 2005, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, da cuenta de que tres millones 625 mil 533 personas, o sea el 75 por ciento de la Población Económicamente Activa, trabajan en el sector informal. El reporte indica que las actividades más importantes son la agricultura, el comercio, industria y los servicios.
“Esta condición de informalidad hace que los trabajadores no tengan respaldos legales. Son casi clandestinos para el sistema financiero y para el Estado. La mayoría consigue una ganancia que no pasa de Q50 para vivir el día a día”, explica Hernández.
Para el analista en temas fiscales y financieros, Luis Carillo, existe una población importante en el país que no esta “bancarizada”. “Nuestra economía demuestra que la mayoría de guatemaltecos vive en condiciones de pobreza o pobreza extrema, por lo tanto los ingresos básicos no les alcanza para ahorrar”.
Los informes contrastan con los reportes de depósitos de ahorro de la SB los cuales reflejan que en diciembre del año pasado había tres millones 955 mil 093 de ellos con un total de Q17 millones.
Poco atractivo
Además de la pobreza, el sistema bancario ofrece pocos premios para aquellos que ahorran en su sistema.
Para Hugo Maúl, economista del Centro de Investigaciones Económicas (CIEN), este comportamiento obedece a que las tasas del sistema bancario son poco atractivas.
Según la SB, la tasa promedio ponderada pasiva alcanzó este año 4.11 por ciento. “Los bancos pagan intereses bajos, quién va a querer meter su dinero ahí. Con el problema de los bancos, la gente tiene temor”, explica Maúl.
El año pasado tanto el Banco del Café como el Banco de Comercio cerraron operaciones y se declararon insolventes. La acción generó la pérdida de más de Q2 mil millones depositados por los clientes de ambas entidades financieras.
Además, el estudio regional “Fraudes Financieros en Centroamérica”, publicado en agosto pasado, detalla que el monto por la cadena de estafas y fraudes bancarios en la región asciende a más de US$2 mil millones, de los cuales el 50 por ciento corresponde a Guatemala.
Para el analista financiero, Édgar Duarte, la gente prefiere mantener el dinero en su casa. “Hay personas que compran tierras, animales o vehículos. Otros hacen negocios”, sostiene.
Flavio Montenegro, del banco G & T Continental, cree que la mayoría de la población no puede ahorrar por falta de recursos. Eso sí, explica que en aquellos que sí pueden no existe la cultura del ahorro. “Nosotros hemos desarrollado programas que estimulan el ahorro”, admite.
Las crisis de los bancos espantó a los clientes, a tal extremo que el gobierno central ha tenido que fortalecer el Fondo de Protección al Ahorrante (Fopa), para cuyo efecto el Banco Mundial desembolsó un monto de US$155 millones, Q1 mil 200 millones.
Pero para Maúl, los recursos del Fopa salen de las propias correas monetarias. “Los bancos descuentan un pequeño porcentaje a los ahorrantes para fortalecer el Fopa”, sostiene.
Al final, quien paga los platos rotos es el ciudadano guatemalteco que no solo no tiene capacidad de ahorro, sino que vive sobregirado, debido a que ya no le alcanza para vivir con el salario que gana.
• En la región poca capacidad
Porcentaje bajo en ahorrantes
Un estudio realizado por el Centro de Integración Financiero (CIF), con sede en Nicaragua, da cuenta de que sólo 37 por ciento de los centroamericanos tiene capacidad de ahorrar.
El estudio explica que ese porcentaje pertenece a la clase media, que destina el 11 por ciento de sus ingresos al ahorro o inversiones, especialmente en bienes de capital o moneda extranjera.
Aunque el reporte indica una media, hay casos difíciles, como el de Nicaragua y Honduras, donde menos del 12 por ciento puede depositar recursos en el sistema bancario.
Los países mejores posicionados son El Salvador y Costa Rica. En la primera de esas dos naciones, el estudio revela que se logró establecer que las remesas familiares son usadas por los salvadoreños para abrir cuentas de depósitos monetarios.
Entre tanto, en América del Sur, la situación no cambia. El 63 por ciento de la clase media de Argentina, por ejemplo, aún no tiene capacidad de ahorro, y consume todo el dinero que cobra.
Entre la porción que puede guardar dinero, las mujeres representan el 55 por ciento, según el estudio de American Express.
El CIF da cuenta de que en Bolivia, Ecuador, Perú y Paraguay la capacidad de ahorro es similar a la de Centroamérica.
En Guatemala, las cuentas de ahorro reportan números rojos.
• Análisis
Hugo Maúl: “Pagan intereses malísimos”
El economista Hugo Maúl cree que la pobreza es elemento condicionante para no poder ahorrar.
¿Por qué cree que los guatemaltecos que pueden ahorrar no se sienten atraídos por el sistema bancario?
Porque pagan intereses malísimos. Además, quién va a querer meter su dinero en esos instrumentos con todo el problema de los bancos del sistema. Yo creo que la gente tiene temor.
¿Puede influir ese escenario en la cultura del ahorro?
Debido a retornos tan magros para el ahorrante es que no hay cultura. Actualmente, no hay incentivos para ahorrar, sino para gastar, y creo que se favorece el consumo y la inversión.
Los pocos incentivos no motivan para depositar dinero en los bancos.
Como dicen los antropólogos, ocurren casos en los que un campesino compra vacas, gallinas o pollos, que al final son un valor. Para ellos, esos animales son lo que para nosotros representan una cuenta de ahorro.
¿Por qué ocurre ese fenómeno?
Es un sistema lejano para la gente pobre. Hay cosas más cercanas, como las cooperativas o los bancos comunales.
Además, existe el factor estructural, en donde hay más de 51 por ciento de pobres.
La mayoría vive con US$2 de ahorro y, obviamente, no puede ahorrar.
¿Qué significan las cifras de depósitos de ahorro de la Superintendencia de Bancos?
En términos económicos, se diferencia dos tipos de ahorro. El financiero, que es el de las cifras, y aunque es una medida del ahorro nacional, sufre de un problema, y es que el banco central, mediante su política monetaria, crea exceso de liquidez.
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