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Guatemala, miércoles 26 de septiembre de 2007

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Opinión

A CONTRALUZ
Inexperiencia política

La falta de trabajo político permanente pudo haber influido en el resultado adverso contra Rigoberta.
Por: Haroldo Shetemul

¿FUE RIGOBERTA MENCHÚ la gran perdedora de las pasadas elecciones? ¿Fue un error que participara como candidata presidencial? Si bien los cien mil votos que consiguió -3.09 por ciento del total- no fueron un buen resultado, su sola participación política y su distanciamiento de la izquierda radical constituyeron un logro importante. Esta fue la primera vez que una mujer indígena luchaba por alcanzar la Presidencia del país, que por siglos ha pertenecido a la más rancia aristocracia criolla, con algunas excepciones. A ello se agrega que su inclusión en la contienda fue tardía y sin respaldo económico del gran capital, lo que representaba un reto difícil de vencer. Desde esa perspectiva, la candidatura de Rigoberta significó un paso muy importante para la participación indígena en política.

EN EL RESULTADO negativo no se puede descartar el hecho de que este país es tradicionalmente machista y discriminador. “Y vos por qué vas a votar por esa india”, me dijo una persona conocida, cuando le indiqué que mi voto iba a ser para Rigoberta. Mi respuesta fue muy clara: “Porque yo también soy indio, y si bien creo que ella no está lo suficientemente preparada para gobernar, representa mi opción política”. Es obvio que en Guatemala a los indígenas aún se nos ve como incapaces de asumir la Presidencia del país o existe el temor de que la indiada invada la Casa Presidencial, y qué horror y qué asco. Además, se percibía el rechazo porque ella era mujer, y en la guayaba se necesitaba un hombre con los pantalones bien puestos. Insisto: somos machistas y discriminadores; no hay vuelta de hoja.

SIN EMBARGO, también es necesario analizar los errores que tuvo la campaña de Encuentro por Guatemala. Ella se confió en que su carisma popular, como premio Nobel, le iba a representar millones de votos en forma instantánea. Rigoberta era, para muchos guatemaltecos, un símbolo de lucha popular, pero eso no implicaba que de inmediato la asumieran como la mejor opción para gobernar. En el imaginario colectivo estaba ubicada en una perspectiva contestataria, aunque de ella solo se conociera sobre sus constantes viajes al extranjero. Rigoberta podía ser indígena, pero no había hecho trabajo político permanente en las áreas rurales. La gente no la había visto en sus comunidades, lo cual la colocaba como una desconocida en comparación con Álvaro Colom u Otto Pérez Molina. Para ser una dirigente con arraigo popular, necesitaba desarrollar una labor a largo plazo, y no sólo durante tres o cuatro meses de proselitismo.

OTRO ERROR FUE creer que porque Rigoberta era indígena, todos los indígenas iban a votar por ella. Los indígenas no somos masa, ni votamos por un reflejo condicionado de una determinada forma. Entre los pueblos indígenas hay gente de todas las tendencias político-ideológicas, igual que en cualquier otro conglomerado humano. De igual manera, no hay conciencia étnica, ni de género; por lo que el machismo y la discriminación entre nosotros mismos también está a la orden del día. Tampoco se puede ocultar que muchos paisanos vendieron sus votos a cambio de dinero, láminas, playeras o un plato de comida. La necesidad es muy grande y los mercaderes de la política conocen muy bien esta situación.

A LO ANTERIOR HAY que agregar que a la plataforma presidencial de Encuentro por Guatemala le faltó un discurso coherente. Rigoberta dominaba el discurso de reivindicación de los pueblos indígenas, pero con eso no se ganaba una elección. No tuvo un planteamiento claro de por qué era importante que llegara a gobernar, y sus propuestas tampoco fueron contundentes. Ahora bien, ¿esta problemática significa que la premio Nobel ya está quemada como figura política? No lo creo. Para las próximas elecciones faltan cuatro años, tiempo en el cual muy bien puede encabezar un movimiento político indígena con contacto permanente y directo con la población. Pero quizá lo más importante: con su anterior candidatura presidencial, Rigoberta abrió el camino para que ella u otros dirigentes políticos se lancen a la disputa de la primera magistratura del país.

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