Guatemala, 18 de abril de 2008

CATALEJOColom, periodistas y guardaespaldasMario Antonio Sandoval

DE MIS NOTASGanó JodielAlfred Kaltschmitt

FAROUn problema muy serioRodrigo Castillo Del Carmen

SIEMPRE VERDEDía de la TierraMagalí Rey Rosa

VENTANAAntes de los 6 añosRita María Roesch

COLABORACIÓNJosé Miguel ArguetaIndolencia
Indolencia, apatía, desidia, despreocupación, insensibilidad, flojera, displicencia... son términos con que suelen calificarse las actitudes negativas de los guatemaltecos. A veces, la falta de políticas y rumbos definidos hace de la mayoría de la población sentirse en una inercia que causa más maledicencia que bienestar. La denigración del otro, sea político, empresario, compañero de trabajo, de estudios; la insidia, la calumnia, la reticencia, la murmuración, crean muchas más acciones negativas que positivas dentro de un conglomerado social.
A lo largo de estos cien días de gobierno he escuchado, sentido, percibido de los guatemaltecos una serie de comentarios, observaciones, declaraciones en los medios, notas editoriales, entrevistas, anuncios y campos pagados que se refieren a las diferentes causas del deterioro económico y social que sufre Guatemala y, por extensión, Centroamérica.
Sin embargo, es necesario detener un poco la mirada y ser objetivo. Las circunstancias que atraviesan los guatemaltecos son generadas por una total apatía, pereza, inactividad, desánimo e indiferencia a lo que individualmente somos capaces de propiciar. Al analizar el contexto mundial, todos aquellos países desarrollados o no recriminan sus miserias, desdichas, desgracias, en los otros sin ponerse a pensar que en el orden extenso que es la sociedad también la productividad, la creación de cosas positivas y el rendimiento operativo dependen mucho de los otros.
Los guatemaltecos están empeñados en que los cambios los propicien los otros. Ellos pretenden ser espectadores de las decisiones que afectan su propio futuro. Necesitan un cambio de mentalidad. Ningún cambio será propiciado de la nada. Se necesita ser actor comprometido con las acciones de cambio.
Si durante los próximos cien días la actitud pasiva continúa, la respuesta será la misma, los atropellos sociales persistirán, la desaceleración económica será evidente, y los problemas, inconvenientes, complicaciones sociales se potenciaran. Los guatemaltecos no deben ser los ingenuos optimistas que creen en fórmulas mágicas para solucionar los problemas. Por el contrario, deben ser las personas que con acciones concretas aumenten el nivel de productividad de nuestros recursos, para garantizar la estabilidad de las generaciones presentes y futuras.
Debe darse prioridad a lo realmente relevante. Incluso en los contextos de familia, sea ésta nuclear, extensa o monoparental, las condiciones que propician la capacidad productiva deben incrementarse y favorecerse a proporciones mucho mayores de las que ahora se enfrentan. Muchas veces el guatemalteco vive bajo el fantasma de que el ingreso debe depender de todos los miembros de la familia. Cuando se hace, no hay división de esfuerzos y se producen desintegraciones en la estructura de lo realmente importante.
Créalo o no, el futuro de nuestro país se fundamenta en que cada quien asuma el rol que le toca desempeñar. Cuando todos en una familia hacen lo mismo por ejemplo trabajar el ingreso no se multiplica sino que se distribuye. Las acciones encaminadas a propiciar el bienestar es que el que tiene que estudiar lo haga convenientemente, el que trabaja propicie aumento de su productividad personal, el que integra la familia y se preocupa por las actividades no remunerativas de la esfera social lo haga con la decidida capacidad de fortalecer la esfera comunitaria. Solo haciendo lo que nos corresponde dejaremos de ser indolentes como país.
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