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Guatemala, 18 de abril de 2008

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VENTANARita María RoeschAntes de los 6 años

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Estimados lectores (as), el Clarinero me pidió que les preguntara cuántos de ustedes vieron, cuando eran niños, Plaza Sésamo. Si tuvieron la oportunidad de ver esa serie de televisión educativa, recordarán seguramente a Abelardo, Lola, Pancho, Beto y Enrique, la Rana René, Archibaldo, el Monstruo Comegalletas. Esos personajes encantadores nos enseñaron (a mí no, pero a mis hijos sí), a través de historias divertidas, las primeras letras, los números, diversos conceptos como alto y bajo, grande y pequeño, valores esenciales como la importancia de compartir y de respetar al otro.

La semana pasada asistí a un conversatorio con la doctora Marcela Lambert (experta en educación preescolar), realizado por Unicef con motivo del II Encuentro Nacional por la Primera Infancia en Guatemala. Ahí me enteré, para sorpresa mía, que Plaza Sésamo salió al aire por primera vez en Estados Unidos en 1969. El programa de televisión respondía a una emergencia educativa que se estaba viviendo en aquel país. En esos años una gran mayoría de niños y niñas, al entrar en el primer grado en las escuelas, rendían poco, y la repitencia y la deserción escolares eran altas. El problema causó alarma en la población.

En varios países del mundo ya se tenía conocimiento de que el cerebro de un niño no se termina de formar sino hasta los 6 años. Que la estimulación temprana, aunada a los sentimientos de amor y de protección de los padres y de una alimentación saludable, contribuían no solo a un bienestar general de los niños, sino que esas interacciones creaban conexiones neuronales. A más conexiones neuronales que el cerebro de un niño desarrolla, más crece su red neuronal y aumenta el potencial de aprendizaje en su vida.

El estadounidense tuvo conciencia del peligro que era no formar a sus nuevas generaciones. Para ellos no había tiempo que perder. Crearon un plan de urgencia, partiendo de la televisión como un instrumento poderoso, no solo para entretener, sino para educar. Con la televisión se podía lograr amplia cobertura y bajo costo. Se podía crear un programa educativo, atractivo y eficaz. El plan de largo plazo consideró la construcción de escuelas preescolares, la creación de material educativo y la capacitación de los maestros. Estados Unidos enfocó sus esfuerzos para atender a su población más joven y vulnerable.

En mi opinión, los problemas que afectan a nuestra población infantil en la primaria derivan de la ausencia, casi total, de educación preescolar en Guatemala. Ese grave descuido es nuestro mayor lastre como país. Así como los chapines ya tenemos claro lo importante que es mandar a nuestros hijos e hijas a la escuela primaria, a la secundaria e incluso a la universidad, ahora nos toca asumir el reto de velar por la salud y la educación de nuestra población infantil, de 0 a 6 años de edad. En tanto no lo hagamos, no romperemos el círculo vicioso de la pobreza, la desnutrición, el rezago educativo, la baja autoestima.

El Clarinero susurró: “La salida es seguir el ejemplo de Plaza Sésamo. Necesitamos un plan de urgencia para Guatemala que eduque a nuestros niños y niñas desde programas creativos emitidos en sus idiomas maternos, por la radio y la televisión. Si no lo hacemos, ¿qué país construiremos?”.

vidap@intelnet.net.gt.

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