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Guatemala, 22 de abril de 2008

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PUNTO DE ENCUENTROMarielos Monzón“Demasiado rosa”

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En su primera conferencia de prensa, el “nuevo” primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, se refirió al Gabinete de gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Dijo que el presidente del Gobierno español “tendrá dificultad en gobernar” por la presencia de tantas ministras. “Es un gobierno demasiado rosa”, afirmó.

“Zapatero se lo ha buscado, tendrá serios problemas para gobernar con tantas mujeres”, sostuvo. Horas más tarde en una entrevista radial expresó: “Zapatero ha hecho un gobierno demasiado rosa que nosotros no podemos hacer, porque en Italia hay una prevalencia de hombres en política y no es fácil encontrar mujeres protagonistas preparadas para la actividad de gobierno”.

Semejante afirmación solamente confirma cómo la descalificación y el menosprecio hacia las mujeres son una constante en muchos lugares del mundo. En realidad, las declaraciones de este personaje no me sorprenden, dada su trayectoria personal y política. Menos aún cuando aquí en Guatemala abundan los machistas y misóginos, “autóctonos” y de importación.

Ante la falta de argumentos de peso para cuestionar el trabajo de una mujer, estos personajes recurren siempre a la descalificación, al chisme y al desprecio, y hacen gala de su machismo cuando en sus alegatos sacan a relucir los roles tradicionales que nos corresponden —según ellos— a los hombres y a las mujeres. Su misoginia se expresa también cuando hacen referencia a las relaciones de pareja, y crean en el público la sensación de que un hombre es “débil” porque “lo manda su mujer”. Quizá éste es uno de los ejemplos más gráficos para explicar a lo que me refiero.

María José Libertino, abogada y presidenta del Instituto Nacional contra la Discriminación de Argentina, escribió un artículo en el que se refiere a lo que le está tocando vivir a la actual presidenta de su país: “No me cabe duda de que a Cristina (Fernández) todo le cuesta más por ser mujer. Y me alegra que lo exprese. Ella no hizo una trayectoria desde el feminismo, ni tiene un proyecto político dedicado a los temas de las mujeres. Pero, en algún momento, a todas nos pasa (…) ella tiene que librar dos batallas: la batalla política y la batalla por ser mujer. No es un tema individual de Cristina. Es evidente que las mujeres que logran romper el techo de cristal en los espacios de poder son medidas con otra óptica. Quienes pretenden confrontar desde la oposición, muchas veces pivotean en los prejuicios sexistas socialmente arraigados. Esto no es nuevo y pasa en el máximo nivel de una empresa, de un sindicato y del ámbito político. En los análisis que se hacen sobre Cristina se miran otras cosas que en los varones no se mirarían, como la estética y las cuestiones afectivas y familiares”. ¿Aló, Guatemala?

El espejo de los sexos todavía no es igualitario, sentencia la periodista Luciana Peker, de la revista Crítica, en su habitual columna de opinión: “Un hombre ejerce liderazgo, una mujer es autoritaria. Un hombre es firme, una mujer es mandona. Un hombre tiene carácter, una mujer es desquiciada. La historia que nos contaron es que las mujeres que mandan son malas; y las buenas son las que friegan, aguantan, se esconden, achican sus pies y sus pasos”.

En Guatemala, como en el mundo, nos enfrentamos a la cultura machista, patriarcal y misógina en la que nos educaron, y vemos cómo los estereotipos y la descalificación se siguen utilizando, en público y en privado, para atacar inmisericordemente a las mujeres que se atreven a levantar la cabeza.

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