Guatemala, 22 de abril de 2008
Todo lo hace bien y cree que los demás no podrán sin su ayuda y si ella no los auxilia, se siente culpable
Algunas actitudes sintomáticas:
• Piensa que nadie en la casa hace las cosas ni cuida a los niños tan bien como ella.
• Se siente culpable cuando se sienta a descansar un rato, aunque haya estado activa todo el día.
• Cree que debe ayudar a resolver todos los problemas de los hijos, inclusive los del esposo.
• Asume que la única forma de que las cosas salgan bien, es si se hacen como ella dice.
• Da prioridad a las necesidades y caprichos de hijos y esposo sobre las propias y se sienten culpables cuando dicen no.
• Vive pendiente de los compromisos de todos los niños y de la pareja.
Por patricia orellana
Preparar el desayuno y las loncheras de los hijos, mantener una imagen impecable, ir a trabajar, hacer las compras de supermercado, atender las quejas de los niños (y revisarles las tareas), ordenar el guardarropa del esposo, revisar las tareas, ver que se hará para cenar, revisar la agenda de mañana y más...
Esa es para muchas mujeres la agotadora rutina que día a día cumplen debido a la carga de tareas que tienen que llevar. Y es que lo anterior es típico de la era moderna, en la cual mujeres (al igual que los hombres) son pilar económico del hogar; sin embargo, esta independencia económica conlleva adicionales responsabilidades, y esto no resta peso a su papel como madre, ama de casa y esposa. “Cuando la mujer está a gusto con esta tarea no hay ningún problema pues disfrutará su rol, pero llega un punto en que siente que se asfixia entre tantos asuntos”, señala la terapeuta Ana Lucía Rosel.
“Por querer cubrir sus propias exigencias, la mujer deja de ser ella misma y por mostrar su mejor imagen ante los demás crea una brecha entre las personas; el afecto y la capacidad de disfrute quedan relegadas, lo que no le permite vivir a plenitud”, comenta la psicóloga Luisa Martínez de Calderón de Alianza Terapeútica.
“Típicamente la supermujer se considera responsable no sólo por el éxito y la felicidad de sus hijos, sino también por los de su marido. A pesar de que se siente abrumada por sus múltiples obligaciones, esta madre prácticamente no delega nada del cuidado y atención de los niños al esposo y desestimula la mayoría de sus intentos por colaborarle; tiende a criticar y subestimar la forma en que él hace las cosas cuando intenta ayudar”, cita Ángela Marulanda en el manual Creciendo con nuestros hijos. Lo anterior, a criterio de Rosel es error, pues tendrán a un esposo desmotivado y al mismo tiempo acomodado pues sabe que su pareja querrá y podrá resolverlo todo.
De Calderón advierte que no hay mujer perfecta y por más que quieran abarcar, otros espacios de su vida se verán afectados y descuidarán su ser. Incluso podrían perder la comunicación con su pareja e hijos.
Poco a poco la armonía familiar se deteriora, pues, como dice Marulanda: “La crianza de los hijos y el cuidado del hogar se convierte en una pesada carga que las lleva a no poder disfrutar ni de la vida familiar ni de sus actividades profesionales y sociales”,
“La persona con síndrome de súpermujer vive un estrés continuo y se adjudica una presión tan fuerte que su cuerpo no lo resiste. Se generan desequilibrios como irritabilidad, depresión, ansiedad, falta de atención, tensión muscular, problemas cardiacos, digestivos, y trastornos del sueño. La parte socio afectiva se resiente, y en el afán de estar en todo y para todos, busca la aprobación y el reconocimiento de los demás y se olvida de ella”, advierte de Calderón.
Paradójicamente, desatienden muchas cosas importantes y creen erróneamente de que la pareja no cubre sus expectativas pues sienten que ellas lo pueden todo. Creen que no necesitan del otro y además ya no le proveen suficiente cariño y atención.
Entre las recomendaciones contra el estrés por autosuficiencia, de Calderón sugiere que la mujer retome su esencia dentro de la sociedad, como pilar fundamental de la familia, fuente de vida, amor, comprensión y armonía; equilibrar las áreas de la vida: social, intelectual, laboral, familiar, espiritual y recreativo desde el rol que desempeñe como madre, esposa, hija, profesional, empresaria. El primer paso es tomarse un tiempo para sí misma y reconocer sus fortalezas, debilidades y aceptarse tal cual asumiendo sus limitaciones y reconociendo sus necesidades, prioridades y debilidades. “Es cuestión de aprender y establecerse metas reales y saber a dónde y cuándo se quiere llegar, además de aprender a vivir el aquí y el ahora”, puntualiza de Calderón.
fuentes consultadas:
Alianza terapeútica: 2385-7878/9
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