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Guatemala, 20 de agosto de 2008

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Horrores idiomáticos y algo más...: Quiero un mi cafecito 

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Por María del Rosario Molina

Varias personas de diversos países de habla hispana me han preguntado, desde hace muchos años a la fecha, por qué en Guatemala decimos: “beberé un mi cafecito”, “busco a una mi amiga”, “me tomé unas mis copitas de vinito”, etc.

Aparte del exceso de diminutivos, les llama la atención que a un artículo indefinido le pospongamos un posesivo, pues el uso actual es: “Beberé un café” (si agrego “o quizás dos” es numeral cardinal), “busco a mi amiga”, “tomé unas copas de vino” o “tomé mis copas de vino”. No había logrado averiguar el origen de esa unión de artículos y posesivos hasta que releyendo el Esbozo de una nueva gramática española de don Samuel Gili Gaya y don Salvador Fernández Ramírez, publicada por la RAE en 1973 con la advertencia de que no es normativa, encontré una referencia histórica a la evolución del uso de los pronombres posesivos. Copio textualmente:

“La lengua medieval anteponía frecuentemente el artículo, determinado o indeterminado, a los posesivos antepuestos. Aunque este uso disminuyó progresivamente en la lengua literaria clásica, es fácil encontrarlos entre los escritores del Siglo de Oro: (...) cantaréis la mi muerte cada día (Garcilaso, Égloga II); Saavedra haya en Milán a un su amigo en servicio de un mercader (Mateo Alemán, Guzmán de Alfarache, segunda parte, lib. II, cap. V)”. Como puede verse, en el primer ejemplo se trata del artículo determinado “la” y en el segundo, del indeterminado “un”. Agregan los autores que el uso subsiste en “extensas zonas de Asturias, León y Santander”, que también los pronombres demostrativos se pueden anteponer a los posesivos y abundan en los clásicos: “... y mi amo muy risueño todas las veces que se le acordaba aquella mi consideración (Lazarillo de Tormes, tratado III)”. Ese uso de los demostrativos continúa en la literatura moderna, aunque no es abundante.

Los conquistadores españoles, la mayoría venidos de Extremadura y Andalucía, nos legaron el uso del “vos” (voseo) y muy probablemente también provenga de ellos esa costumbre de juntar los artículos con los posesivos, pues aún hablaban un español medieval (la Edad Media termina según algunos historiadores en 1453, con la toma de Constantinopla por los otomanos y según otros con el descubrimiento de América en 1492). Y así como en las regiones mencionadas de Asturias, León y Santander se siguieron anteponiendo los artículos (en especial los definidos) en el habla popular, en Guatemala se continuó el uso de los indefinidos. El de los definidos no: Nadie se refiere aquí a que “la su madre es de origen europeo y el su padre, no”. Sí se escucha y se lee: “Me hice una mi casita de campo, tengo una mi hijita muy regularcita, etc.”.

Del porqué de nuestra afición a los diminutivos, lo que se me ocurre, y es mera suposición, es que nació de una falsa modestia, de la preocupación de pedir y del cariño, pero eso queda para mi próxima columna.

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