Guatemala, 20 de agosto de 2008

CATALEJOUn aniversario muy especialMario Antonio Sandoval

UCHA’XIKOtra vez los patrioterosSam Colop

COLABORACIÓNLa calle y el vientoDanilo Arbilla

ECLIPSECrímenes ignoradosIleana Alamilla

A CONTRALUZEn la cola de un venadoHaroldo Shetemul

CARA PARENSAbraham Samuel Perez-AttiasLlenemos el vaso
Guatemala es un país bendito. Contamos con recursos humanos, naturales y culturales únicos. Tenemos los mejores climas del planeta, concentrados en 108 mil quilómetros cuadrados, y expresiones culturales extraordinarias, aunque también muchos retos.
Ante los retos, recuerdo que en el movimiento GuateÁmala teníamos una consigna: “Veamos el vaso medio lleno y no medio vacío”. Años después me di cuenta de que he aquí un problema: ¿Qué hacemos para ver un vaso medio lleno cuando no está ni a la mitad? Con esta premisa corremos el riesgo de caer en algo más peligroso que el pesimismo: el conformismo y la negación de la realidad.
Creer que todo está bien en Guatemala y cerrar los ojos a la realidad no es sano. En la famosa fábula de los cangrejos existe otra cubeta: la de los cangrejos que solo se salvan a sí mismos, pasando encima de otros para salir, sin importarles ayudar a quienes quedaron atrás.
Lamentablemente, la moraleja de dicha fábula se ha tergiversado en: “sálvate tú.” Al final del día, lo que importa a muchos es salir de la cubeta, sin importar que otros no lo puedan hacer, o peor aún, a costa de los otros. Así las cosas, la propuesta es simple: ¡Veámonos! Saquemos la cabeza de la tierra, y reconozcamos el mundo en que vivimos, aunque no sea precisamente lo que quisiéramos ver.
Unos amigos salvadoreños me decían: “En El Salvador estamos mal, hay asaltos y robos. Pero no estamos tan mal como en Guatemala. En Guatemala te disparan antes de robarte. No entendemos por qué ustedes, siendo un país tan querido por nosotros, han caído en tan amarga situación”.
Mientras tanto, en Guatemala nos alegramos vanamente por el triunfo del “Latin American Idol” y la parafernalia mediática. Aunque no nos guste, es mentira que por ello el turismo va a venir a Guatemala cuando los turistas son asaltados y las turistas violadas impunemente; es mentira que porque participamos en los juegos olímpicos la situación de violencia va a parar en el país; es mentira que porque seamos la tercera bandera más linda del mundo las niñas del área rural tendrán más oportunidades de salir de la pobreza. Aunque todo eso es bueno, no debemos conformarnos.
Al final del día, no se trata de ser ni optimistas ni pesimistas: seamos valientemente realistas. Porque la realidad pesa más que el optimismo, es momento de ejercer nuestro derecho como ciudadanos para cambiar el status quo. Indicadores sociales como los más de cuatro millones de guatemaltecos que viven en miseria, tener la tasa más alta de desnutrición infantil en Centroamérica, que el nivel de escolaridad promedio sea de cuatro años de primaria o que seamos el país más violento de la región son situaciones vergonzosas que debemos cambiar todos y todas. No conformarnos con ver acciones aisladas. Para armar el rompecabezas, debemos ver todas las piezas, no solo las más fáciles. Para superar el letargo, debemos ponernos la camiseta y reconocer los problemas fundamentales como sociedad, no como un montón de individuos sobreviviendo dispersos en un espacio de tierra. Debemos dejar de ver al otro como “mi enemigo”, “mi competencia”, “el explotador inmisericorde” o “mi mano de obra barata”. Debemos darle la mano al otro para “salir de la cubeta”. Debemos condenar y hacer que la ley se cumpla; debemos dejar de comprar cosas robadas; debemos dejar de evadir impuestos; debemos dejar de robar en el Gobierno y dejar de actuar como ciudadanos castrados que solo agachan la cabeza. Es el momento de llenar ese vaso, que aún no llega ni a la mitad.
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