Guatemala, 20 de agosto de 2008

CATALEJOUn aniversario muy especialMario Antonio Sandoval

UCHA’XIKOtra vez los patrioterosSam Colop

COLABORACIÓNLa calle y el vientoDanilo Arbilla

ECLIPSECrímenes ignoradosIleana Alamilla

CARA PARENSLlenemos el vasoAbraham Samuel Perez-Attias

A CONTRALUZHaroldo ShetemulEn la cola de un venado
LO QUE TANTO se temía es hoy una terrible realidad: los Q82.8 millones invertidos en Mercado de Futuros (MDF) se han perdido. El interventor de esa casa de bolsa, Raúl Falla, llegó a tal conclusión luego de revisar las cuentas de la empresa. Al parecer, ese dinero se habría convertido en humo entre el 19 y el 20 el junio, por lo que desde hace dos meses a los guatemaltecos nos han visto la cara de babosos. Peor aún, los activos de MDF no cubren casi nada, porque el equipo de oficina no ha sido pagado, y en breve se lo llevarán. Pero si eso no bastara, a final de mes vence el contrato de arrendamiento de la sede de la mentada compañía, por lo que a partir del 1 de septiembre no quedará nada.
DE ESA FORMA se convirtieron en polvo los recursos del Congreso que alguna vez pomposamente recibieron el nombre de ahorros. Este es el epílogo del manoseo que ha tenido el presupuesto de ese organismo, que ha pasado de mano en mano en las últimas administraciones. La forma en que se invirtieron esos Q82.8 millones solo nos muestra la impunidad con que corre el dinero para engordar los bolsillos de diputados y sus allegados. También se entiende que el tal ahorro no fue tal, sino que se convirtió en la forma de mantener dinero del Congreso que fácilmente se podía jinetear.
LAS INVESTIGACIONES determinaron que el Legislativo era el principal cliente de MDF. Al 31 de julio recién pasado, el fondo de inversión de esa casa de bolsa era de US$16.8 millones, de los cuales, US$11.3 millones eran del Congreso. Ese fue el dinero que se esfumó, porque en realidad esa empresa especulaba en el exterior con tales fondos. Sin embargo, antes de esa grave pérdida, los pistos del Congreso se distribuyeron a diestra y siniestra, porque únicamente el 68 por ciento de los 82.8 millones fue depositado en una compañía norteamericana.
PERO ESA INVERSIÓN solo era la última parte de la jugada. Previamente, Byron Sánchez, el ex secretario privado de Eduardo Meyer y artífice de esa inversión, se había dado lujos de rey, al lucir un rólex comprado con fondos del Congreso y haber gastado Q800 mil en compras personales. Facturas de cebiche por Q7 mil, y Q10 mil en compras de supermercado muestran los festines que ese sinvergüenza se daba. Otro tanto ocurre con Rubén Darío Morales, a cuyas cuentas bancarias y de sus familiares fue a parar más de Q1 millón, proveniente de MDF. Durante su período como presidente del Legislativo, en el 2004, ya se habían invertido Q16 millones, lo que bien pudo haber sido una prueba piloto de que se podía jinetear dinero que no le pertenecía y que luego darían el gran paso con la inversión de los Q82.8 millones.
ES UNA LÁSTIMA que volvamos a hablar del Congreso en medio del fango, ya que éste es uno de los pilares fundamentales del sistema político. Sin embargo, no podemos cerrar los ojos y ver cómo hacen chinche el dinero del Estado, que proviene de nuestros bolsillos. Esto, señores, es un robo, y los responsables deben pagar con la cárcel, sean quienes sean. Además, todo esto no hubiera ocurrido si existiera una ley de libre acceso a la información. La falta de mecanismos legales de transparencia ha permitido que los ladrones se apropien de los fondos públicos.
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