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Guatemala, 28 de agosto de 2008

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Muchas mujeres administran el hogar y, a la vez, corren con un empleo y la familia

Salud emocional

Tiempo de reivindicación

La responsabilidad de efectuar las tareas domésticas tiene que ser compartida.

• Cuando la familia participa se refuerzan los lazos familiares y todos se dan cuenta de la importancia de esa función que durante años ha realizado la mujer.

• Para lograr ese objetivo de solidaridad, hay que hacer una organización cuidadosa de las tareas diarias y asignarlas a cada integrante de la familia, tomando en consideración su disponibilidad de horario.

• Distribuir las tareas de manera equitativa y rotarlas para que todos comprendan la importancia que éstas tienen.

• Vender la idea con entusiasmo para que todos cooperen y adquieran el hábito.

• Aclarar que el desorden que se genere a partir de cada intervención es responsabilidad de cada persona.

• Dejar que las personas desarrollen sus propias formas de hacer las cosas.

• No supervisar cada fase del proceso, a menos que se pidan sugerencias.

• Evitar decir ayúdame o hazme el favor, ya que estas expresiones refuerzan la idea de que la obligación es solo de la mamá y el punto es generar conciencia sobre la responsabilidad de todos.

• Reconocer el esfuerzo y crear un plan de incentivos para reforzar el comportamiento positivo.

• Desarrollar pasión por la vida y fomentar que cada quien haga tiempo para sí mismo. De esta manera se descargan tensiones.



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Las tareas domésticas requieren esfuerzo, por eso hay que dividirlas entre los integrantes de la familia.

Por lucy calderón

Cuando en casa está todo organizado y limpio se ahorra tiempo, esfuerzo y la tensión al momento de salir por las mañanas a trabajar o estudiar. Pero, ¿qué pasaría si no hubiera alguien que preparara el desayuno, tendiera las camas o mantuviera todo en perfecto orden?

Según comenta María Arriola, en un ensayo titulado: 22 de julio, día del trabajo invisible —esa fecha fue seleccionada como el Día Internacional del Trabajo Doméstico, por las asistentes al Segundo Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe realizado en Lima Perú, en 1983—, “la profesión menos valorada es la de un ama de casa, porque no es hasta que las tareas domésticas dejan de efectuarse que esa labor salta a la vista”.

También añade que no suele ser ni la ausencia de un salario por una tarea esforzada, ni el peso de la monotonía lo que mortifica a muchas mujeres, sino la falta de reconocimiento por parte de los beneficiarios, es decir, el esposo y los hijos.

Cony, de 58 años, y quien desde hace 10 se dedica exclusivamente a efectuar tareas domésticas, porque previamente trabajó como maestra y hacía las dos cosas, relata: “Yo no pretendo que me den las gracias verbalmente por el trabajo que con cariño hago para mis hijos, pero me molesta que no colaboren conmigo. Son muy desordenados, dejan todo tirado y aunque a veces me hago el propósito de dejar las cosas como están, al ver que pasan los días y que todo sigue igual, opto por arreglarlo”.

También hay mujeres que previo a casarse han decidido no ejecutar ninguna tarea hogareña y cumplen su propósito. Incluso, hay quienes después de jubilarse se dedican a sí mismas, mientras los demás integrantes de la familia se las arreglan como pueden. Pero las excepciones son pocas.

¿A quién le toca ese trabajo?

La distribución tradicional impuesta por la sociedad patriarcal señala que la mujer debe encargarse del cuidado de la familia y de los quehaceres domésticos.

Ellas lo han sustentado e integran esa responsabilidad a su actividad profesional. Por eso, en la actualidad, las mujeres generan ingresos económicos, educan a sus hijos, atienden al esposo y limpian la casa. No tienen horario fijo, pero muy a menudo evitan dedicar unos minutos a sí mismas y deben estar siempre dispuestas para la vida en pareja, dice la psicóloga Neicy Bailey. Esto repercute en que la ama de casa se mimetice con el entorno, se olvide de su bienestar individual y se “tire al abandono”.

Amas de su destino

“Hay que liderar la propia vida y jamás esperar el reconocimiento de los demás. El esfuerzo debe enfocarse en hacer lo que se quiere, imprimiéndole un sello personal y sintiéndose satisfecha consigo misma”, señala Bailey. Ello se ve reforzado al tomar en cuenta que dos de los criterios de salud mental propuestos por la Organización Mundial de la Salud, son el trabajo productivo y la satisfacción adecuada de las necesidades. Sin embargo, ese bienestar que propicia el orden y la limpieza no necesariamente tienen que estar a cargo de una sola persona: la madre.

Toda la familia tiene que contribuir con la ejecución de las tareas domésticas. Y si los hijos y la pareja no colaboran, hay que replantear la situación.

En el caso de optar por la “resistencia pasiva”, como ha intentado Cony, hay que cumplirla y buscar dialogar sobre el tema. Si se termina cediendo, la familia jamás cambiará de actitud, asevera Bailey.

Por lo tanto, cuando los hijos y el esposo no colaboren, lo mejor es que la madre se ocupe exclusivamente de sus cosas personales. Que no le importe que el lavadero se llene de platos sucios o que la ropa se arruine en remojo: los dueños de cada prenda tendrán que lavarlas si desean ropa limpia.

Si quieren comer tendrán que lavar platos.

El objetivo es que cada integrante de la familia se haga responsable del trabajo que genere, o por lo menos que reconozca su valor. Este aprendizaje dará como resultado personas más solidarias, responsables y con la sensibilidad de percibir que sus acciones tienen consecuencias en otras personas. Se trata de una enseñanza de vida que se transmitirá por generaciones, añade la profesional.

Súper mujer

Una buena opción para evitar la monotonía en la labor de casa es que la madre se involucre en actividades diversas: puede ser un grupo de iglesia, un club de lectura o bien que tome cursos de diversos conocimientos.

Aprender computación, a conducir automóvil, a realizar trabajos manuales e incluso tomar una carrera universitaria, puede representar un renacimiento en su vida, no solo porque saldrá de la rutina sino porque descubrirá y valorará su propio potencial.

Fuentes: psicóloga Bailey: 24730062; Miriam Arriola: Mnams5@hotmail.com

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