Guatemala, 28 de agosto de 2008
Empresarios del transporte urbano afirman que 187 buses son asaltados a diario.
• Luis Gómez, vocero de la Asociación de Empresarios del Transporte Urbano, refirió que la mayoría de los atracos son cometidos por individuos que portan armas de fuego.
• La Policía Nacional Civil aseguró que la mayoría de casos no son denunciados, y en algunos hechos investigan de oficio, cuando alguien muere o resulta herido.
• Este año han muerto 33 pilotos de buses urbanos y tres ayudantes, y nueve conductores han sido heridos.
Varios atracos a autobuses se han visto frustrados cuando usuarios con armas enfrentan a los delincuentes. Algunos han resultado heridos y otros han muerto en esas acciones.
El pasado 23 de marzo, un pasajero se enfrentó a balazos con cinco asaltantes: dos murieron y tres escaparon, dos de ellos iban heridos. El hecho ocurrió en la 7a. avenida y 28 calle, zona 8. Según testigos, el hombre desenfundó una pistola y disparó contra los individuos.
Tres días después, en otro atraco a un bus extraurbano que se dirigía al parcelamiento Manelis, Mazatenango, murieron a balazos un pasajero y dos presuntos ladrones.
El 15 de julio último ocurrió otro asalto violento. El pasajero de un autobús extraurbano mató a un delincuente en el kilómetro 15.5 de la carretera al Pacífico. El individuo llevaba una mochila en la espalda y lo acompañaban dos mujeres, quienes al verlo caer herido aprovecharon la oportunidad y se llevaron la mochila con lo que había robado y el arma usada en el atraco.
Miguel Arriola, de 18 años, resultó con heridas de bala en un pie. Los cuerpos de socorro lo encontraron en la Avenida de las Américas, a una cuadra del lugar del asalto a una unidad de la ruta 40R.
Por Claudia Méndez V. Periodismo comunitario
En segundos, el recorrido de un autobús de la ruta 40R se convirtió ayer en una pesadilla; la calma dio paso al terror cuando un grupo de delincuentes atacó esa unidad en la Avenida de las Américas, zona 13.
Ayer, junto a otros 20 pasajeros, viví una dramática experiencia cuando iba a una cobertura periodística.
Tenía dos opciones: usar una pasarela ubicada en el área y llegar a mi destino en la zona 9, o abordar la camioneta y caminar una cuadra hasta el sitio.
Me incliné por la segunda opción luego de calcular que llegaría en menos de cinco minutos.
Un autobús de la ruta 40R se detuvo en la última parada del bulevar Liberación, frente al ingreso de la 15 avenida, y comenzaron a descender varios pasajeros. “Va vacía”, me dije, y subí sin temor alguno.
Me senté en una especie de caja de herramientas que los pilotos colocan en la entrada de las unidades y que casi siempre sirve de asiento para sus amigos; mientras, el autobús avanzaba por la Avenida de las Américas.
Observé el interior de la unidad y todo parecía en orden: el piloto y el ayudante conversaban animadamente, ninguna persona ofrecía sus productos y el tránsito fluía sin problemas, a las 10.30 horas.
Para entonces yo solo pensaba que estaba a punto de bajarme del bus para llegar a mi destino, pero en cuestión de segundos todo cambió.
Habían transcurrido unos dos minutos, cuando el autobús cruzó hacia la Avenida de las Américas y se disponía a doblar frente a la plaza Costa Rica (3a. calle) hacia El Obelisco, cuando, sin que me diera cuenta, el terror se apoderó de los pasajeros.
Con histeria y los rostros desencajados por el miedo, unas 15 personas se aglomeraron frente a la puerta de ingreso de la unidad y exigían al piloto que detuviera la marcha.
Yo los miraba y no comprendía qué pasaba. Imaginé que la camioneta se incendiaba o algo así, pero todo cambió cuando un hombre gritó: “¡Tírense!”
En un segundo el individuo descendió los escalones y, como pudo, se lanzó del autobús en movimiento.
Sentada, observé al piloto y a una mujer que le exigía que se detuviera. “¡Mire atrás, es un asalto!”, le dijo.
Junto con el conductor, giré la cabeza y vi en el fondo a un grupo de hombres, tres o cuatro, que peleaban a puñetazos.
Los cuerpos de los individuos apenas se distinguían. Observé que uno yacía en el piso y recibía una paliza.
El autobús se detuvo y la gente bajaba desesperada. “¡Bajen, bajen, tienen un arma!”, expresó alguien. Me empujaron y salí de la camioneta.
Cuando corría hacia la plaza escuché: uno, dos, tres balazos. Volví la mirada y observé que el conductor y su ayudante se encontraban en sus lugares y que un hombre joven caía herido por la puerta de atrás del bus.
Conté hasta tres. El piloto arrancó el autobús y se marchó del lugar, mientras el grupo de aterrorizados pasajeros corría hacia la Avenida de La Reforma.
El hombre herido permaneció en el suelo los siguientes seis minutos, mientras acudían al lugar los cuerpos de socorro.
Tres policías de Tránsito fueron los primeros en llegar a la escena, que les resultó extraña. Un hombre herido de bala en la calle y sin mayores señas. Un minuto después se presentaron los bomberos.
Con la sirena encendida, la ambulancia avanzó por la vía. Pasadas dos cuadras, retrocedió. Varios transeúntes pedían que atendieran a otro hombre herido de bala en el pie. ¿Coincidencia?
Como Miguel Arriola, de 18 años, y Julio Armando Rodríguez, de 23, fueron identificadas las personas lesionadas.
Un hombre armado fue capturado en la zona 13. La Policía cree que se trata de uno de los pasajeros que repelió el ataque.
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