Guatemala, 29 de agosto de 2008
Por Margarita Carrera
comerciales para mi muerte (así, en minúscula) es el último libro publicado por Armando Rivera, destacado escritor y editor. Letra Negra, su editorial, publica la obra que es comentada, curiosamente, por tres mujeres no guatemaltecas.
Se trata de veintiocho microrrelatos y lleva excelentes interpretaciones de: Jasmina Jaecker (escritora alemana), Gabriela García Cedro (crítica argentina) y Ángela Hernández (escritora dominicana). Esta última le escribe un hermoso prólogo titulado “Criaturas de la tinta”. A mi vez, al empezar a leer los microrrelatos, sentí que estaba frente a un creador que, además de talentoso, es original. Porque no sólo son breves cuentos que golpean por el dolor que se transparenta en ellos, sino porque reflejan su veneración por el lenguaje poético.
El influjo kafkiano es fácilmente detectable. Como introito, el autor decide hacer la siguiente “declaración”: “escribo porque la vida acontece, la palabra se me hace mundo, todos los mundos, cada mañana vuelvo sobre las angustias primarias de lo humano, éstas me devoran, me inventan, me destruyen, en ocasiones, apenas, me mutilan pero todas se vuelven palabra-poesía, los días con intención hiroshima son la normalidad, atrás tres primaveras me dibuja(…)” Un ser que sufre, a quien la vida le duele tanto que el tema de la muerte lo domina. Desde el título comerciales para mi muerte. Tomemos, como ejemplo, este microrrelato: el primer epitafio de la muerte (Rivera rechaza las mayúsculas): “allí estaba el cadáver, solo estaba allí, anunciando su total agonía, su desparpajo de muerto. pensé qué le había pasado, en qué curva perdió la vida y cómo lo recordarían. imagino que como un hombre probo y persona de bien… entonces me reí. cavilé, todo cadáver tiene su bondad a cuestas, así que este rictus de maldad asume su posición y se carcajea conmigo, me maldice y entre ambos echamos –al viento- el primer epitafio de la vida.” Dios es, sin duda, otra constante en sus relatos: hay “el dios de la autopista”, “el último dios”, “el ombligo de dios”, “el gallo y dios”. En el primero de estos cuentos, dios va unido a otro motivo insistente: el cadáver. Al matar a dios lo convierte en cadáver. En todos los relatos se puede observar el influjo del surrealismo. Insinúa, más que expone; a menudo rompe con toda lógica. Hay dolor, aunque no conmueva. Sin embargo, cada lector le puede encontrar sentidos diferentes al mismo cuento. Podría tratarse de escritura automática o rebuscados ejercicios sobre un mismo sujeto. Y el sujeto es el autor, el creador, el inventor. Lo onírico es sustancial en las narraciones. Del sueño a la vigilia, de la vigilia al sueño.
Hasta existe un “dios de la muerte”, quien “se robó la fórmula de la vida eterna(…) el último dios de la vida yacía muerto”. El inicio del relato “el insomnio” es todo un poema, en el que persiste el motivo dominante: la muerte. “ayer la muerte llegó vestida de palabras. Tenía un solo ojo oscuro, como siempre era la madrugada(…)”. En la presentación de este libro - el 28 de agosto, en Cantón Exposición- escritoras y escritores leímos uno a uno sus cuentos. El auditorio oyó la totalidad del libro comerciales para mi muerte. También en este espectáculo, Rivera fue original. No hubo comentarios, sólo lectores. “Un deleite artístico para lectores intelectuales de uno de los prometedores jóvenes poetas de Centroamérica”, nos escribe en la solapa la escritora alemana Jasmina Jaeckel. En fin, toda una luctuosa aventura literaria.
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