Guatemala, 29 de agosto de 2008

CATALEJOAsesoría legal: consideracionesMario Antonio Sandoval

IMAGEN ES PERCEPCIÓNImagen país de GuatemalaBrenda Sanchinelli Izeppi

SIEMPRE VERDEÉtica al rescateMagalí Rey Rosa

VENTANAEl Altar 48Rita María Roesch

COLABORACIÓNSer arquéolo en AfganistánSébastien Perrot-Minnot

DE MIS NOTASAlfred KaltschmittObamamanía
La Convención Demócra- ta tuvo a la ciudad de Denver, Colorado, en la vitrina internacional, durante varios días. Luces, vistosos escenarios, encendidos y fogosos discursos y toda la parafernalia propia de estas convenciones convergen en esta fiesta cívica.
Es un acto meticulosamente planeado para elevar el tono de la contienda electoral hacia un paroxismo final que catapulta a Barak Obama, el primer candidato presidencial de color en la historia de los Estados Unidos, a la contienda electoral como el candidato oficial, que no solo aglutina a todo el partido, sino lo lanza hacia la conquista del votante indeciso de clase media, que aún no ve claras las cualidades de ambos candidatos.
Todos y cada uno de los invitados al estrado reiteran el mismo mensaje: “Es hora del cambio, ‘McCain (is the same)’ es más de lo mismo. Los problemas que enfrenta el trabajador de clase media. Atención médica universal para todos. La salida de Irak cuanto antes. Energía renovable”.
El centro de atención fue, sin duda alguna, el discurso de Hillary Clinton. Tenía el propósito de erradicar toda la animadversión enquistada a través de los largos meses de intensa pelea por obtener la nominación del partido.
Muchos resquemores, ambiciones y celos aún se mantienen latentes por más que se nieguen. Pero los 18 millones de votos logrados por Hillary no son cualquier cosa, y para los principales de su equipo de campaña, aceptar la derrota ante este neófito, recién llegado, de estilo suave y cualidades de pico de oro, llamado Obama, no es fácil.
El discurso de Hillary refleja su gran habilidad política, pero también el formidable oponente político que aún es. Pidió el apoyo para Obama en términos muy claros, haciendo coincidir sus logros políticos con los del candidato nominado. “Dijo exactamente lo que tenía que decir, y ni una jota mas”.
Decía un analista en los comentarios posteriores. En su discurso, Hillary se cuidó de no hablar del carácter ni de ningún atributo personal positivo de Obama. Evidentemente, estaba pensando en la nominación del 2013.
Al día siguiente, Bill Clinton cumplió con pronunciar un discurso muy claro de apoyo a Barak Obama. Para alguien que anteriormente no había ocultado su molestia con Obama, por “desconocer sistemáticamente los logros alcanzados durante su administración”, su carisma y talento discursivo, lograron encender el entusiasmo de los presentes.
Pero el efecto de la división entre los dos campamentos tiene consecuencias serias para Obama. En recientes encuestas, apenas un poco más de la mitad de los que votaron por Hillary Clinton en las primarias dicen que votarán por Obama.
Y algo peor: hasta un 25 por ciento de ellos dice que elegirá a John McCain, una tendencia que el campamento de éste, encantado, no ha dejado de explotar en los anuncios de televisión durante la convención.
Al escribir esta nota, todavía Barak Obama no había dado su discurso. Los analistas habían pronosticado que la Convención, con su extraordinaria cobertura mediática, le daría unos 15 puntos a Obama sobre McCain. Para sorpresa de todos, siguen técnicamente empatados.
Una mala señal, y un seguro indicio de que estas elecciones presidenciales serán muy cerradas y de grandes sorpresas.
alfredkalt@gmail.com
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