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Guatemala, 27 de enero de 2008

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Cirilo Pérez es el guía espiritual que aconseja a Álvaro Colom

El Coyote que vela por su pueblo 

Currículo

El ajq’ij

Cirilo Pérez es guía espiritual

• Tiene 79 años y es la décima tercera generación de guías espirituales de su familia.

• Conoce a Álvaro Colom desde hace 15 años, cuando el mandatario trabajaba en Fonapaz.

• Es miembro del Consejo de Ancianos Mayas, Xincas y Garífunas y de la Comisión de Lugares Sagrados.

• También formó parte del Fondo de Desarrollo Indígena, a principios de los 1990.

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Por lorena seijo

Cirilo Pérez es un ajq’ij, es decir, un guía espiritual maya, de 79 años. No le gusta que le llamen sacerdote maya, porque él no oficia misa; mucho menos chamán, ya que esta es una muestra de incultura.

Pérez es parte del Consejo de Ancianos Mayas, Xincas y Garífunas, como lo fueron su padre, su abuelo y 10 más de sus antepasados. Cuando se le pregunta si Colom ha sido ordenado sacerdote maya, como se comentó durante la campaña, se ríe, por la ignorancia de quienes a veces hablan de más, ya que el guía espiritual no se nombra, sino que viene definido por su fecha de nacimiento y su nahual.

“Uno nace ajq’ij, es tu destino. Tu nacimiento determina ciertas características personales, que desde niño se van reforzando para poder ser un buen guía. Colom entiende nuestra cultura, se ha preocupado por conocer nuestra espiritualidad, pero no es ajq’ij, es un tz’i’”.

El tz’i’o coyote es el nahual de Colom, y representa a la autoridad, a la persona que cuida a su pueblo.

“El perro o el coyote es el animal que protege a su dueño, el primero que sale en la defensa de la casa. Cuando nacen entre el día 9 y 11, como es el caso de Colom, su destino es ser autoridad, morir por su pueblo si hace falta”, comenta Pérez, intentando ser lo más didáctico posible.

Los meses del calendario maya tienen 20 días, no 30 como los occidentales; por lo tanto, el cálculo del día del nacimiento no se corresponde con el calendario gregoriano. Colom nació el 15 de junio de 1951; es decir, el 11 Tz’i’, por lo que su vida tenía que estar necesariamente ligada a la dirección de su pueblo y a la política.

Según establece la espiritualidad maya, las personas nacidas bajo la protección del coyote son amables, inteligentes, creativas, negociantes, líderes y leales, pero sufren mucho, les gustan los vicios, son rebeldes, celosas y, en ciertas ocasiones, pueden abusar de su autoridad.

“Yo sé que el ingeniero es una persona buena y sencilla, lo que me preocupa es la gente que tiene a su alrededor, pues por esa misma inocencia puede dejarse llevar por la marea”, lamenta Pérez, quien asegura que Colom es su amigo, pero ahora, ante todo, es el gobernante.

Pérez y Colom se conocieron hace más de 15 años, cuando el actual presidente fungía como director del Fondo Nacional para la Paz (Fonapaz). “Yo, en ese momento, vivía en San Francisco El Alto, Totonicapán, y él vino a ver cómo podía ayudar a nuestras comunidades con escuelas, puentes y carreteras”, recuerda.

Ambos tuvieron buena química desde el principio, y Colom encontró en él un buen aliado para ahondar en la cultura maya y su cosmovisión, y también, por qué no, para pedir consejo.

“El ingeniero es de las personas que preguntan, que se interesan por uno, que camina en el campo a la par de uno, que come con uno; por eso a mí me gustaba explicarle cómo vemos nosotros la vida”, dice Pérez.

Historia en común

En 1995, Colom ayudó a Pérez a organizar el primer Consejo Continental de Ancianos Indígenas, en el que se reunieron 500 líderes de todo el mundo.

El presidente fue cada día involucrándose más con la cultura maya, hasta el punto de que asistió a juicios de derecho indígena y sirvió de mediador en algunos conflictos comunales.

“Él dice que soy su maestro porque le he enseñado la cuenta de los días, el respeto a la naturaleza, la fuerza de nuestro destino; pero él es mi amigo, sólo que ahora, para hablarle, tengo que pedir audiencia”, comenta pausadamente.

Pérez ha visitado varias veces la residencia del mandatario, y éste también conoce el hogar de aquél en Antigua, y su casa de Totonicapán. “Ha acudido a ceremonias, a reuniones del Consejo de Ancianos, no sólo invitado por mí, sino también por otros líderes”, asegura el guía maya.

Pero, a pesar de la amistad que lo une con Colom, Pérez afirma que no dirá que hay nuevo presidente mientras éste no demuestre que tiene la intención de cambiar las cosas.

“Él tiene que demostrar que quiere ser el presidente de todos los guatemaltecos, de verdad un presidente nuevo, que combata la marginación. Hasta que eso ocurra, no afirmaré que hay nuevo presidente”, enfatiza.

Aunque Pérez cree que Colom es una buena persona, siente cierta preocupación por quienes lo rodean. “No es lo mismo que él sea una persona con la que me encuentro en la calle y promete que me va a ayudar, a que sea un presidente y tenga otro tipo de influencias”, reflexiona.

Para Pérez, el papel del Ejército, del poder económico y del propio gabinete de Colom pueden hacer que su camino se tuerza y que de un gobernante diligente pase a ser un líder autoritario más.

Este guía espiritual tiene muy claras cuáles deberían ser las prioridades del nuevo mandatario: combatir el racismo y la violencia.

“Necesitamos una sociedad más justa, en la que se detenga tanta violencia y se trabaje por la legalidad y el respeto. Si en este país todos consiguiéramos respetarnos, se acabarían muchos problemas”, asegura.

Colom ha afirmado que quiere que su gobierno tenga “rostro maya”. Pérez recalca que “el rostro maya no es el de un ladrón ni el de un explotador, algo que todos tienen que tener en cuenta antes de hablar”.

El Consejo de Ancianos Mayas va a esperar a que se cumplan los primeros cien días de gobierno para sentarse a hablar con el mandatario sobre sus promesas de campaña.

“Los primeros cien días seguro le han aparecido cien problemas por día, pero nos gustaría saber si él está dispuesto a impulsar los cambios que prometió en campaña”, comenta Pérez, y asegura que los ancianos no van a ser parte del Gobierno; sólo darán su opinión si fueran consultados.

Este ajq’ij enfatiza en que los mayas saben cómo cuidar la naturaleza, cómo trabajar el campo, porque esa ha sido su universidad. “Nadie de fuera nos tiene que venir a enseñar cómo cuidar nuestro ambiente ni cómo cultivar la tierra; el problema es que la tierra no nos pertenece y quienes contaminan son empresas poderosas. Si quieren consejos de cómo solucionar todo esto, nosotros podemos darlos”, afirma.

Cuando Pérez pronunció su discurso en la Plaza de la Constitución el día de la toma de posesión, recibió tanto vítores como silbidos, pero era la oportunidad de que toda Guatemala y parte del extranjero recibieran de primera mano su mensaje: “El racismo tiene que terminar, y los guatemaltecos necesitamos un gobierno para todos, no para unos pocos como hasta ahora”.

Cirilo Pérez le entregó a Álvaro Colom la vara sagrada el día de la transición de poder, pero este símbolo de confianza no es eterno. Si el nuevo gobernante no cumple, deberá entregarlo.

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