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Guatemala, 20 de julio de 2008

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Festival Folclórico Nacional de Cobán en la palestra 

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Oposición

Denigra a la mujer  Prefiere escuela 

“Eliminaría el festival y construiría una escuela de altos estudios para mujeres indígenas, donde adquirieran conocimiento crítico para que salgan al mundo y construyan el espacio que decidan”, declaró Alicia Velásquez, académica quetzalteca.

Dijo que el concurso Rabín Ajaw es machista, occidentalizado y denigra a la mujer. “Las que lo ganan nunca han generado protagonismo social ni han llevado a cabo una obra que tenga impacto colectivo”, afirmó.

Neocolonialismo

Consenso es vital  Es indigenista  

“Los mayanistas cuestionan el festival porque lo consideran parte del indigenismo, el cual es utilizado por el Estado para instrumentalizar al indígena”, indicó Demetrio Cojtí, ex viceministro de Educación.

Admitió que en su origen trajo beneficios, aunque en la actualidad no responde a la visión de etnodesarrollo. Necesita cambios, pero que deben ser consensuados con los pueblos indígenas y otras instancias.

Testimonio

“Cambios deben ser trabajo de todos” 

Marco Aurelio Alonzo, creador del festival, reconoció que algunas acciones no han tenido el éxito deseado, pero lo defendió por ser enclave para promover la cultura indígena. Refirió que el acontecimiento inició en 1969 con el propósito de rescatar trajes regionales y danzas étnicas que estaban desapareciendo. “Ese fue su único propósito, un fin cultural”, expuso.

En relación con el certamen Rabín Ajaw, dijo que ese título otorga a la ganadora representatividad que no llega a tener ninguna otra persona: la reina indígena nacional. “Es un espacio que puede abrir puertas para efectuar proyectos que el festival no patrocina por falta de fondos”, agregó.

Reconoció que el evento ha sido usado por el Gobierno y particulares para beneficio propio, pero ha ocurrido cuando él no ha sido parte de la organización.

Aceptó que el festival no ha podido eliminar el racismo y la marginación. “A veces me frustro, porque a mi gente no le ha llegado el mensaje. No he podido cambiar la mentalidad de la sociedad”, dijo.

Recomendó a los críticos mayenses no tomar al festival con finalidad política, sino dentro de su contexto folclórico, donde es útil para cimentar la conciencia indígena, facilitar la búsqueda de su autenticidad y la satisfacción étnica de ser como es. “Es folclor, y no es otra cosa que la cultura del pueblo”, citó.

Explicó que hasta ahora no ha tenido cambios fundamentales, porque el arte así lo exige. “La música clásica se escucha como tal, sin alteraciones”, expuso.

Pero está abierto a los cambios que ayuden a promover la cultura. “La metamorfosis es maravillosa, pero debe beneficiar la multiculturalidad de una nación plurilingüe y multiétnica. En todo caso, no me toca a mí hacer cambios, sino a todos los guatemaltecos”, dijo.

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Con la elección de la Rabín Ajaw —en la última semana de julio— cierra el Festival Folclórico Nacional de Cobán, que se celebra desde 1969.

Por Leonel Sión

Provincia

El Festival Folclórico Nacional de Cobán, Alta Verapaz, es admirado mundialmente, aunque para algunos intelectuales indígenas es espectáculo despojado de identidad, conciencia y propósito. Su creador, Marco Aurelio Alonzo, lo defiende.

Los líderes consideran que ha perdido trascendencia nacional. Unos creen que no debería de existir y la mayoría afirma que urge de metamorfosis.

Irma Alicia Velásquez, antropóloga quetzalteca, señaló que el festival surgió durante la guerra civil y fue utilizado por el Ejército y el Gobierno para mejorar su imagen internacional, mientras masacraban indígenas. “El Estado manejaba esa doble moral”, argumentó.

Para Velásquez, Rabín Ajaw —alrededor del que gira el evento— es utilizado para cosificar a la mujer. Recordó que en el pasado varias candidatas denunciaron malos tratos. “No valora a la indígena como ser humano, sino se limita a dar importancia a trajes regionales”, enunció.

Ricardo Cajas, ex comisionado presidencial contra Discriminación y Racismo, aclara que los certámenes de belleza son ajenos a la cultura maya. “Nació con objetivos claros, pero luego perdió dirección y fue utilizado como plan de contrainsurgencia”, señaló.

Álvaro Pop, analista político, denunció que es un acto ladino, patrocinado por ladinos. Tuvo momentos reivindicatorios en la década de 1970, cuando muchas candidatas denunciaron la realidad del país, pero eso se extinguió. “Ahora es función de entretenimiento sin el valor agregado de la mujer, al ser vista como ser humano”, expresó.

Para Marta Elena Max, activista indígena, el festival puede continuar, pero con otros lineamientos. “La población indígena debe tener beneficios concretos, como el de mermar su extrema pobreza”, opinó.

Mónica Pop, abogada, afirmó que el festival es solo promoción de valoración indígena momentánea. “Por un instante, nos inyectamos de solemnidad y nos congratula que nos vean como iguales, pero al otro día todo retorna a la normalidad. Vuelve el rechazo”, expuso.

Afirmó que no está en contra del festival, pero debe ser un frente contra la marginación.

Demetrio Cojtí, ex viceministro de Educación, sostuvo que no debe de existir, porque es parte de la política indigenista del Estado, que busca folclorizar la cultura étnica.

Reconoció que fue un paso positivo en 1969, cuando comenzó, debido a que no existía movimiento maya organizado en el país. “No creo que haya sido una tarea fácil para quien lo impulsó”, aseguró.

Dijo que hay cambios que hacerle, aunque es necesario que sea analizado sobre sus beneficios y desaciertos, por parte de los pueblos indígenas y otras instituciones. “Con base en estos resultados, se debe elaborar una nueva agenda”, aseveró.

Nazario Monzón Ixcamparij, abogado altense, recordó que a partir de 1976 un grupo de estudiantes indígenas se aproximó a las candidatas y compartieron ideas que cambiaron el discurso tradicional por el de denucia de marginación y racismo. “Muchas opiniones coincidían con las de grupos guerrilleros, por lo que la represión militar descabezó esa corriente”, contó.

En la actualidad, carece de propuestas de desarrollo. “Solo cumple función de espacio social para la convivencia entre las concursantes”, afirmó.

Advirtió que no debe ser palestra política y económica como recomiendan varios líderes indígenas que han perdido contacto con la colectividad rural. “La reingeniería debe ser sobre ejes sociales y propuestas interculturales”, refirió.

La actual Rabín Ajaw, Rosa Elvira Chub, se opone a la desaparición del festival. “Tal vez deba modificarse para que las ex Rabín Ajaw, de manera colectiva, tengan más protagonismo en la lucha por el desarrollo indígena”, aseveró.

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