Guatemala, 20 de julio de 2008
Las áreas montañosas con pendientes altas y que han sido sometidas a fuerte deforestación son las más susceptibles a deslizamientos o derrumbes, y en las áreas urbanas el riesgo está en laderas de barranco, por eso se hace necesario incrementar los programas de reforestación, señala Eddy Sánchez, director del Insivumeh.
Los más peligrosos deslizamientos son los flujos de lodo, porque es como una mezcla de concreto que se desplaza con fuerza y velocidad, arrastrando todo a su paso, y es capaz de destruir viviendas y dejar soterradas a las personas; por ello, se recomienda vigilar el comportamiento del suelo, comenta Manuel Mota, de Conred.
Por Alberto Ramírez Espada
La composición volcánica del suelo, el avance de la frontera agrícola, el crecimiento demográfico, la deforestación y la pobreza en que vive más del 60 por ciento de la población hacen que Guatemala sea un país susceptible a deslizamientos, derrumbes y desastres naturales.
Eddy Sánchez señala que el área más susceptible a deslizamientos es la cadena montañosa del país y las comunidades vecinas, sobre todo las levantadas sobre terrenos con gran porcentaje de ceniza volcánica.
Las áreas rurales con pendientes muy altas y las que han sido sometidas a severa deforestación también están en alto riesgo.
En el área urbana, las viviendas más vulnerables son las ubicadas en barrancos y laderas, especialmente en la capital, donde hay más de 200 asentamientos humanos.
Manuel Mota, geólogo jefe del Departamento de Análisis de Riesgo de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred), coincide en que las condiciones geográficas de Guatemala favorecen los deslizamientos.
La lluvia es generador de deslizamientos, porque los cerros tienen capacidad para absorber y desechar el líquido a cierta velocidad, pero cuando la humedad es excesiva, se produce sobrepeso y el desplome de una parte del cerro.
En muchos casos, los derrumbes son favorecidos por lubricación del terreno, y entonces un gran bloque de tierra se puede desplazar.
Mota señala que un suelo arcilloso o con mucho barro, al recibir mucha humedad, se vuelve un área lubricada, por donde fácilmente se deslizará una parte del cerro.
También suele ocurrir que una capa del suelo, por diversas causas, no se adhiere al subsuelo, y se desprende hasta caer.
Uno de los corrimientos más peligrosos es cuando hay derrumbe originado por un río de lodo o correntada, como ocurrió recientemente en Panzós, Alta Verapaz, donde causó la muerte de cuatro personas, al quedar soterradas, y dejó a 40 familias en riesgo.
En estos casos, el material suelto del suelo es arrastrado por el agua de lluvia, y se pasa llevando todo lo que hay en su camino, según la inclinación de la pendiente.
Otro disparador de deslizamientos son los sismos, y un ejemplo es el terremoto de 1976, el cual causó 10 mil derrumbes, en un momento en que el suelo no estaba saturado de humedad, cuenta David Monterroso, geofísico de la Conred.
El anuario estadístico ambiental del Instituto Nacional de Estadística señala que en el 2006 se produjeron 84 derrumbes, 26 deslizamientos, nueve hundimientos y tres deslaves.
Ese mismo año murieron 32 personas, la mayoría durante un deslizamiento y un derrumbe.
Autoridades de la Unidad de Conservación Vial (Covial) reportan que las carreteras de mayor riesgo por derrumbes o deslizamientos de tierra son la ruta al Atlántico y la ruta a occidente, especialmente el área montañosa.
Eso se ve reflejado en varias comunidades de Tajumulco, San Marcos, las cuales quedaron incomunicadas al inicio de este invierno por 17 derrumbes que obstruyeron la carretera principal que conduce a ese lugar.
El tramo carretero entre Santa María de Jesús y Zunil, Quetzaltenango, se convirtió en un tramo peligroso por los constantes derrumbes.
Sánchez considera que se puede reducir el riesgo de deslizamientos al consolidar el terreno con la siembra de árboles, aunque en algunos casos la erosión del suelo proviene de la parte alta de los cerros, y al llover arrastra sedimentos hacia la parte baja, causando daño a las comunidades que ahí estén.
Mota subraya que el riesgo está en todas partes, porque en Panabaj, Sololá, cuando se produjo el derrumbe que cubrió esa aldea durante la tormenta Stan en el 2005, la parte que se deslizó estaba cubierta de bosque.
Ambos señalan que el mayor peligro es cuando hay una pendiente, y si el área es plana, difícilmente se produce un deslizamiento.
Mota recomienda que para la construcción de cualquier obra de infraestructura se hace necesario un estudio de suelos, para determinar su composición.
También destaca que las municipalidades deben asumir su responsabilidad de aplicar el ordenamiento territorial, y evitar que se instalen asentamientos humanos en laderas de barrancos.
Los entrevistados coinciden en que los deslizamientos o derrumbes no son el problema, sino las viviendas en áreas peligrosas.
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