Guatemala, 24 de marzo de 2008

CATALEJOVarias tragedias debido al indulto MARIO ANTONIO SANDOVAL

ECLIPSEDe regresoILEANA ALAMILLA

COLABORACIÓNSemana SantaSÉBASTIEN PERROT-MINNOT

ARCA DE ESPEJOSNueve contra unoAQUILES PINTO FLORES

TASSOLILOQUIOSLibros y seres humanos, hoy (y II)TASSO HADJIDODOU

EL QUINTO PATIOCAROLINA VÁSQUEZ ARAYALa costumbre de negar
Las autoridades de Gobierno quisieron restar importancia a la retención forzada de los turistas belgas, efectuada por un grupo de campesinos en Izabal, arguyendo que se trató de un hecho aislado. Con esa actitud no solo quisieron minimizar un tema muy candente —la crisis del sector agrario y los conflictos de tierras—, sino también realizaron un desesperado intento por neutralizar las advertencias emitidas por gobiernos europeos con relación a la situación de extrema inseguridad que se vive en Guatemala.
Lo más probable es que también desearan relegar el asunto al olvido absoluto, aprovechando que en estos días de receso nadie piensa más que en procesiones, sol y bacalao; la gente abandona las ciudades, usualmente congestionadas, y se hace la ilusión de vivir en un país normal; por lo tanto, hoy, lunes, el asunto habría perdido actualidad.
Pero este día todo regresa a la rutina y el problema que originó el episodio de los turistas belgas sigue entre los asuntos pendientes, al igual que las tremendas fallas del sistema de administración de justicia y las debilidades del Estado en aspectos tan vitales como la infraestructura de servicios de salud y educación.
En un país con carencias de tanta envergadura es imprescindible tener el coraje de mantener el dedo en la llaga hasta que se tomen decisiones y se asuman responsabilidades. Aquí nadie se puede dar el lujo de olvidar episodios de violencia que son la manifestación de profundas crisis sociales nunca abordadas —mucho menos, resueltas— por gobierno alguno.
Entre los temas de la semana pasada, los cuales, después de unas breves vacaciones en la playa, parecen pertenecer a una época remota, también están las denuncias sobre la situación provocada por la explotación de la mina de oro en San Marcos, que no solo ha burlado a las comunidades del área, mintiéndoles descaradamente sobre el impacto de sus procesos de operación, sino también les ha robado el agua y amenaza con contaminar de manera irreversible toda la región.
Para las autoridades resulta muy sencillo restar importancia a las denuncias del pueblo y dar vuelta a la página para enfocar la atención en temas menos relevantes. Sin embargo, con esa estrategia lo único que logra es acumular tensiones y crear fuertes focos de descontento en la población. El truco de crear un gran ruido sobre algún asunto fácil de solucionar, mientras se echa tierra sobre temas fundamentales, es viejo y lo han usado todos los políticos.
Negar la realidad, por lo tanto, resulta tan inútil como deshonesto. Es imperativo dar seguimiento a los temas y satisfacer las justas demandas de la ciudadanía.
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