Guatemala, 14 de mayo de 2008
Fabrican el primer
La solidez de este diseño le permite resistir la presión del agua. Como límite podrá sumergirse a 120 metros de profundidad.
El tono amarillo brillante es para que el aparato pueda ser visto y recuperado en caso de que se soltara del cable. Si esto sucediera está diseñado para emerger por sí solo.
Los propulsores importados pueden resistir hasta 150 metros bajo el agua. El compartimiento electrónico, los circuitos y el control fueron creados en el país.
La parte amarilla está hecha con madera de Teca porque es amigable con el ambiente y reduce costos. Un polímero de alta densidad es más caro y requiere mano de obra especializada.
Ingenieros (de izq. a der.) Érick Tijerino, Jorge Urízar, Ruth Castillo, Carlos Tercero, Iveth Ramírez y Otto Ayala.
Por lucy calderón
Para ayudar al desarrollo de la biología marina en el país, estudiantes de las facultades de ingeniería mecánica e industrial de la Universidad del Valle (UVG) diseñaron y fabricaron un vehículo de operación remota (VOR) sumergible.
Este submarino denominado Medusa servirá como plataforma para manejar instrumentos de medición e investigación de la Asociación de Biología Marina de Guatemala (Abima), los cuales permitirán realizar los análisis de las muestras recolectadas en el mismo sitio de exploración.
“Este aparato se convierte en un buzo profesional con la capacidad de permanecer bajo el agua por más tiempo. Extenderá nuestra visibilidad de las áreas investigadas porque tendrá adaptada una cámara de video. Con el hydrolab que se le incluirá podremos medir hasta 16 elementos del agua: oxígeno, salinidad, clorofila, etc. Y lo más importante, es un producto nacional, que al haber sido diseñado y fabricado por guatemaltecos comprueba que en el país hay gente capacitada para efectuar trabajos tecnológicos con un estándar a nivel mundial”, expresó la doctora Lucía Gutiérrez, presidenta de Abima.
Érick Tijerino explicó que la concepción de este VOR es resultado del megaproyecto de graduación que presentaron él y sus compañeros Otto Ayala, Jorge Urízar, Ruth Castillo e Iveth Ramírez, para obtener el título que los acredita a ellos como ingenieros mecánicos y a ellas como ingenieras industriales. También contaron con la asesoría de los ingenieros Carlos Tercero y Edgar González para afinar detalles electrónicos y de programación del aparato. Además, tuvieron estrecho contacto con Abima para que el submarino cumpliera con todos sus requerimientos.
El 70 por ciento de los componentes de Medusa son de fabricación local. “Cada uno tiene su razón de ser, en función de lo que queríamos lograr”, indicó Tijerino. La estructura es abierta para facilitar el acoplamiento de instrumentos y está hecha con madera de Teca, porque satisface las exigencias del diseño y las necesidades de conservar el ambiente, expresó Ayala.
Este tipo de madera posee excelentes cualidades estructurales y resistencia al agua. Aunque está aislada con resina, en caso de que sufriera algún golpe, sus aceites naturales la protegen.
Este aparato se construyó con fondos que otorgó la Secretaría Nacional de Ciencia (Senacyt), a través de la línea de financiamiento Fodecyt, con ayuda de Abima y el apoyo de la UVG. El costo aproximado fue de Q90 mil, sin embargo, “este submarino es autofinanciable porque con el ahorro del pago de buzos por cada inmersión se recuperará el costo”, señaló el ingeniero electrónico Carlos Tercero.
Para funcionar, Medusa necesita una planta de generación eléctrica, ya que opera con corriente de 120 voltios. También requiere estar enchufado a la computadora respectiva, desde la cual es dirigido.
para más información escribir a: uvg.megaproyecto@gmail.com
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