Guatemala, 14 de mayo de 2008
Horrores idiomáticos y algo más...
Por María del Rosario Molina
Continúo sintetizando la historia de las dos García Granados famosas: la Pepita que, como ya lo dije, era poetisa, política, feminista y traductora de poesía, y María, “la niña de Guatemala”, cantada en versos inmortales por José Martí y José Joaquín Palma.
Don Miguel García Granados, dirigente de la revolución liberal del 1871 junto con el general Justo Rufino Barrios y presidente del país por un tiempo, casó con su sobrina, doña Cristina Saborío García Granados. Era doña Cristina hija de don Ramón Saborío y de la Pepita, parentesco que vuelve a esta última abuela y a la vez tía de los hijos de Chafandín (el apodo de don Miguel), su hermano y yerno. Muchos años después de haber muerto la poetisa y recuperada la posición económica (la social nunca la perdieron), la casa de don Miguel, doña Cristina y su numerosa familia era centro de reunión de la intelectualidad y allá por el 1877, la frecuentaban los poetas cubanos José Joaquín Palma, autor de la letra original de nuestro himno, y José Martí. María, la mayor de las hijas del matrimonio, asistía al colegio mixto de las señoritas cubanas Izaguirre, hermanas del pedagogo José María Izaguirre.
Compañero de colegio de María, aunque menor que ella, era Máximo Soto-Hall (1871-1944), escritor guatemalteco, autor entre otras obras de La divina reclusa, narración en la que relata, novelada, la historia de Sor Juana de Maldonado y Paz, la primera poetisa de nuestra patria. Pues bien, el escritor tiene una obra, La niña de Guatemala, el idilio trágico de José Martí en la que sin entrar en demasiados detalles biográficos cuenta la historia de los amores inocentes de Martí y María, que a la sazón contaría unos 15 años (según Izaguirre, 20): El escritor, poeta, político y patriota antillano ya estaba comprometido con doña Carmen Zayas Bazán, de origen cubano. Marchó a México, donde residía la familia Zayas Bazán, contrajo matrimonio con la prometida y regresó casado a Guatemala en 1878. María, que según decían las malas lenguas tenía tuberculosis -enfermedad que La dama de las Camelias escrita por Dumas volvió romántica- se agravó poco tiempo después, quién dijo que por la tisis, quién que por la decepción amorosa, y murió cuando todavía era un capullo que no alcanzó a florecer como su famosa abuela-tía. José Joaquín Palma le dedicó entonces una magnífica elegía titulada A María García Granados. José Martí publicó La niña de Guatemala entre sus Versos Sencillos en 1891, en Nueva York.
Soto-Hall menciona la foto de María, a la que, como ya dije, conoció personalmente. Es la que aparece en la portada de su libro publicado en 1942, la misma que ha salido por error en publicaciones recientes como perteneciente a la Pepita y que por fechas y modas sería imposible que fuera de ella. Espero que la confusión haya quedado aclarada y que nadie vuelva a publicar la fotografía de María como la de la Pepita.
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