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Guatemala, 31 de mayo de 2008

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Agrícola Demanda de China cambia panorama rural de pequeña nación asiática

Laos cambia cultivo de arroz por el caucho  

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Los milenarios arrozales en Laos son sustituidos por árboles productores de caucho.

Chaleunsouk. Los arrozales que cubrieron esta región montañosa de Laos durante siglos han desaparecido. En su lugar hay hileras de árboles de caucho, cuya savia está destinada al mercado de China.

Las 60 familias de este pueblo de hombres demacrados y mujeres encorvadas se dedican ahora al cultivo de ese árbol, al igual que miles de personas en el nordeste de Laos, una pequeña nación asiática. Todos esperan beneficiarse de la enorme demanda de caucho en la vecina China.

En su afán por apuntalar su floreciente economía, China se ha procurado concesiones mineras y de talado de árboles en distintos rincones del mundo.

Ahora busca cultivos para alimentar a su gente y sus industrias. Empresas chinas están acaparando vastas extensiones de tierra en el exterior y han firmado contratos para la producción de alimentos.

Reacciones mixtas

El gobierno comunista de Laos, por ejemplo, sostiene que el caucho es un milagro que sacará al país de la pobreza. Se espera que China consuma una tercera parte del caucho producido en el mundo hacia el 2020.

Por entonces tendrá, seguramente, el mercado automovilístico más grande del planeta, con unos 200 millones de vehículos en sus carreteras.

Pero como parte de este proceso, algunos agricultores laosianos están perdiendo sus tierras ancestrales o se han visto obligados a trabajar como peones en campos que fueron suyos.

Las firmas chinas son acusadas de conseguir concesiones para la producción de caucho, sin compensar a los agricultores. También se les acusa de violar las leyes y los derechos humanos, y de destruir el medioambiente.

“Las compañías chinas del norte son todas dirigidas por maleantes”, afirmó Charles Alton, quien asesora sobre agronomía a varias agencias internacionales en Laos. Pero agrega que el norte de Laos se presta para esas situaciones de explotación, en vista de que “no hay regulaciones ni policías”.

Los chinos niegan esas afirmaciones, pero también se abstienen de comentar.

“No estoy al tanto de que las compañías chinas cometan irregularidades en el exterior. Pero las firmas chinas que quieren expandirse al exterior deben saber que es importante tener buenas relaciones con la gente de allí”, explicó Ju Hongzhen, presidente de la Asociación de la Industria del Caucho China.

La Administración Estatal de Bosques dio el año pasado directrices acerca de cómo administrar plantaciones en el exterior. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación también elabora unas pautas.

Desde el sureste asiático hasta África, los chinos cultivan palmas para aceite, eucaliptos, maíz, árboles de teca, caña de azúcar y caucho. Como sucede en Laos, las haciendas industriales son vistas como una pesadilla ecológica por unos y como una forma de salir de la pobreza por otros.

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