Guatemala, 11 de noviembre de 2009
Opine acerca de una investigación que encontró que presidente Álvaro Colom es uno de los mejor pagados de América, solo detrás del de EE. UU.
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CATALEJO
El muro berlinés, tras 20 y 36 añosMario Antonio Sandoval

COLABORACIÓNPerros flacos y petróleoDanilo Arbilla

ECLIPSEOposición... aceptaciónIleana Alamilla

A CONTRALUZApuestan por la ignoranciaHaroldo Shetemul

CARA PARENSEl I Congreso de EBIJorge Raymundo

UCHA’XIKSam ColopDe nuevo el manuscrito
Hace unos días tuve el privilegio de ver nuevamente la copia del Popol Wuj escrita por fray Francisco Ximénez entre 1701-03, manuscrito encuadernado junto a otros textos del mismo fraile. El documento, como se sabe, volvió a este continente como parte de la colección Edward Ayer en 1911 bajo cuyo nombre están registrados otros valiosos documentos indígenas de América que pueden consultarse en la biblioteca Newberry de Chicago. El manuscrito de Popol Wuj se encuentra bajo el título “Arte de las tres lenguas, Cacchiquel, Quiché y Tzutuhil”, volumen que incluye una gramática de esos tres idiomas, un tratado religioso, luego el texto del Popol Wuj que inicia con las siguientes palabras: “Empiezan las historias del origen de los indios de esta provincia de Guatemala”. Al final se encuentra un texto denominado “Escolios a la historia de el origen de los indios”. El material fue empastado por la Newberry en el siglo pasado y es el documento que estudió Adrián Recinos para su traducción publicada en México en 1947.
En estos días el Arte de las tres lenguas no está disponible al público porque después de un proceso de digitalización del Popol Wuj todo el volumen está en restauración y encuadernación. Fue interesante haber visto parte de ese trabajo, por el extremo cuidado con que se realiza, y fue emocionante haber tenido otra vez a la mano un documento de más de tres siglos de existencia. Es cierto que no es el texto que tres maestros de la palabra, los Nim Ch’okoj, escribieron en k’iche’ entre 1554-58, pero es la copia más antigua que se conoce a la fecha de aquel libro y, aunque sea solo para hojearlo, siempre me ha provocado una sensación de afecto muy especial. Ver sus folios frágiles con los bordes marcados por el tiempo evoca los años en que fue copiado y traducido. Cada sección del volumen está cuidadosamente archivada mientras se restauran bordes de otros folios. La cubierta del encuadernado anterior, así como fragmentos de papel e hilo se van a guardar para registro histórico. Haberlo visto así fue como ver a un herido, pero con la certeza de volverlo a encontrar robustecido, porque el nuevo empastado permitirá leer con más facilidad algunas de las anotaciones de los márgenes internos. La persona especializada a cargo de este proceso me indicó que todo el volumen estará disponible hasta el año entrante porque el trabajo es lento, por el cuidado que requiere, y a la vez me enseñó parte del nuevo material que se está utilizando. Así que, estimado lector, por si usted desea ver la copia de este “venerable documento indígena”, como dice Recinos, va a tener que conformarse, por ahora, con un facsimilar, el microfilme disponibles en aquella biblioteca u obtener una copia digitalizada.
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