Semanario de Prensa Libre • No. 211 • 20 de julio de 2008

Portada | Archivo | Contacto | Directorio


   > Editorial
   > En primera persona
   > Cartas
   > D frente
   > D fondo
   > D ciudad
   > D educación
   > D salud
   > D portafolio
   > D mundo
   > D farándula
   > D viaje
   > D Punto final

 


D farándula

Hollywood y la mafia
La Cosa Nostra hizo negocios y manejó a productores y actores de la meca del cine.

por Manuel Carretero

La mafia enseñó a Hollywood sus métodos de trabajo, y las películas dieron a los hampones una pincelada de romanticismo y normalidad. De ahí nacieron conceptos tan incrustados en la cultura popular contemporánea como la del Padrino, de Francis Ford Coppola, que la mafia nunca había utilizado.

Fueron los años de oro de la Cosa Nostra y el cine, una relación en decadencia, pero que sigue dando extraordinarios éxitos en el público y de crítica como la serie Los Soprano.

Estas serían las líneas maestras del libro Hollywood y la mafia (Ediciones Robinbook), donde el escritor y periodista británico Tim Adler desentraña las conexiones entre dos mundos que estuvieron conectados desde que Al Capone visitó Hollywood en 1927.

Según Llewella Humprheys, que se cree era la hija ilegítima de Al Capone, la idea de extorsionar a la industria cinematográfica vino de su madre, una fan del cine. “Así que le dijo a mi padre, ¿por qué no nos metemos en ese negocio y así yo podré conocer a todo el mundo?”

Una vez que Capone fue detenido por evasión de impuestos —como se relata en la cinta The Untouchables (1987), de Brian de Palma— fue su familia quien se hizo cargo de los negocios en la meca del cine, “obteniendo por la fuerza US$1.5 millones al año (equivalentes a 20 millones de ahora). Su intención a la larga era tomar todo el control de Hollywood”, explica Adler, editor de la revista Screen Finance.

Tampoco los grandes estudios eran ajenos a prácticas que el autor llama “criminales”, como el prostíbulo que tenía montado la Metro Goldwyn Mayer (MGM) para atender a los representantes y visitas del extranjero, y en el que trabajaban dobles de estrellas del cine, como se relata en la cinta L.A. Confidential (1997).
Pero al margen de las extorsiones a las figuras —Lucky Luciano suministraba drogas a las estrellas— o a los grandes estudios —controlando los sindicatos de técnicos, que podían paralizar un rodaje—, el hampa vio en los filmes un medio perfecto para blanquear dinero.

“La producción cinematográfica requiere grandes cantidades de dinero rápidamente —explica Tim Adler—. Hoy, producir y promocionar una película cuesta en promedio unos US$96 millones. La mayoría de esos ingresos llegan a los dos años del estreno, una vez ha estado en los cines y en video”.

Hollywood aprendió los métodos de la mafia para intimidar a actores y quedarse con el dinero de accionistas.

“Hasta la Segunda Guerra Mundial, tanto los jefes de la MGM como de la 20th Century Fox estuvieron robando millones de dólares provenientes de la recaudación de taquilla, de manera muy parecida a cómo la mafia “birlaba” dinero de los casinos de Las Vegas en la década de 1960. Nadie puede birlar tanto dinero tan bien como en Las Vegas, porque ellos la inventaron —dijo el director Richard Brooks—, pero Hollywood está en segundo lugar”, cita como ejemplo Adler.
Además, en la década de 1970 se sabía que los estudios debían a los actores cientos de miles de dólares, y que les pagaban la mitad de lo debido. Luego les decían que los demandarían por el resto, lo cual nunca hacían porque se arriesgaban a no trabajar nunca más.

En ocasiones, las cuestiones que se ventilaban eran estrictamente personales: “En 1958, Harry Cohn, de la Columbia, que compró el estudio con el dinero de la camorra, amenazó a Sammy Davis Jr. con dejarlo ciego y partirle las piernas si no dejaba de verse con Kim Novak, de quien estaba encaprichado. El resultado, Davis, aterrado, se casó rápidamente con una corista negra”.

De Sammy Davis Jr. a su famoso amigo Frank Sinatra, que no podía faltar en una historia de Hollywood y la mafia. El genial crooner es para el autor un personaje desconcertante.

“Es difícil entender cómo alguien con el talento de Sinatra, y con su maravillosa voz, estuviera tan encaprichado con la mafia. Una vez dijo que prefería ser un don del hampa que el presidente de EE. UU. Sinatra veneraba a mafiosos como Bugsy Siegel, imitaba su llamativa forma de vestir y repartía regalos tan extravagantes como vulgares. Sin embargo, según Jerry Lewis, su admiración no se reducía a la simple imitación, sino que también transportaba para la mafia dinero por todo el país”.
Según Adler, aunque el cine estaba controlado por judíos, y los mafiosos eran de ascendencia italiana, tenían un punto en común: “Todos son emigrantes en EE. UU., desde Louis B. Mayer y Meyer Lansky, de origen ruso; el cómico Danny Kaye y el gángster Bugsy Siegel, creador de Las Vegas, que habían crecido en la misma calle; o los abuelos de Frank Sinatra, que vivían en la misma calle que Lucky Luciano, todos de origen siciliano”.

La muerte de Marilyn

La mafia está también presente en una de las teorías más extendidas sobre la muerte de Marilyn Monroe, según la cual Sam Giancana, el líder de la mafia de Chicago, ordenó matar a la actriz porque había amenazado con hablar sobre el dinero de la mafia que el presidente Kennedy había utilizado para las elecciones primarias de 1960. Esto lo contó el hijo del propio Giancana.

Para Adler, la película que mejor reflejó Cosa Nostra es Scarface (1932), de Howard Hawks, que se inspiró en el hecho de que Capone acabara con gánsteres rivales golpeándolos con un bate de béisbol. Pero es que Hawks contó con asesores del hampa en el propio plató de rodaje.

Lo mismo podría pasar con la serie Los Soprano, que muestra detalles de trabajo de las mafias que solo se pueden saber de primera mano, según el FBI, y que, además, muestra la actual decadencia de la Cosa Nostra: “Lejos de aquella mafia de los años de 1920 que quería controlar Hollywood, nos encontramos frente a pequeños ladronzuelos, mafiosos de clase media, cuyos hijos son contables, banqueros o abogados”.

Su relevo puede estar en las mafias rusas: “El crimen organizado, como la esencia del ser, aborrece el vacío. Ahora otros grupos de emigrantes más necesitados, como los rusos, ocupan ese vacío”, apunta Adler.


   

© Copyright 2004 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

www.prensalibre.com