Semanario de Prensa Libre • No. 211 • 20 de julio de 2008

Portada | Archivo | Contacto | Directorio


   > Editorial
   > En primera persona
   > Cartas
   > D frente
   > D fondo
   > D ciudad
   > D educación
   > D salud
   > D portafolio
   > D mundo
   > D farándula
   > D viaje
   > D Punto final

 


Punto final

Conflicto de sangre
Código de conducta albanés autoriza que una familia vengue matando a cualquiera de los parientes varones del responsable de un asesinato.

por DAN BILEFSKY

Christian Luli, adolescente de 17 años de edad, de suave voz, ha pasado los últimos 10 años encerrado en la pequeña y austera casa de su familia, temiendo que lo maten a balazos si sale por la puerta del frente.

A fin de pasar el tiempo, se entretiene con videojuegos y bosqueja casas. Debido a que es incapaz de asistir al bachillerato, el nivel de su lectura es similar al de un niño de 12 años. Una novia está fuera de cualquier consideración. A él le gustaría convertirse en arquitecto, pero se desespera ante un futuro encerrado ahí dentro, mirando las mismas cuatro paredes.

“Esta es la situación de mi vida. No he conocido nada más desde que era un niño”, dijo Christian, mirando pensativo a una ventana, hacia el mundo prohibido del exterior. “Sueño con la libertad e ir a la escuela. Si no tuviera tanto miedo saldría caminando por la puerta. La vida de esta manera es peor que una condena en prisión”.

La mala fortuna de Christian es haber nacido como el hijo de un padre que mató a un hombre en una pobre región de Albania, donde el antiguo ritual de la enemistad o conflicto de sangre aún tiene peso.

Bajo el kanun, un código albanés de conducta que ha sido transmitido durante más de 500 años, “la sangre debe ser pagada con sangre”, con la autorización para que una familia vengue un asesinato matando a cualquiera de los parientes varones del asesino. La influencia del kanun sirvió como la constitución del país durante varios siglos, con reglas que regían una diversidad de asuntos que abarcaban la tenencia de propiedades, el matrimonio y el homicidio.

El Comité de Reconciliación Nacional, organización albanesa sin fines de lucro con miras a eliminar esa práctica de venganzas de sangre, calcula que 20 mil personas han caído en conflictos de sangre desde que resurgieron tras el colapso del comunismo en 1991, con nueve mil 500 personas asesinadas y casi mil niños privados de escolaridad debido a que están encerrados en interiores.

Según esa tradición, cualquier hombre que tenga edad para sostener un rifle de cacería es considerado un objetivo válido de venganza, lo cual ocasiona que 17 varones de la familia de Christian sean vulnerables. Ellos, de igual forma, están encerrados en sus hogares. La única restricción es que no se deben cruzar los límites del hogar familiar. Mujeres y niños también tienen inmunidad, aunque algunos, como Christian, quien maduró físicamente a temprana edad, empiezan su confinamiento cuando aún son niños. Los familiares de la víctima suelen ser los vengadores, aunque algunas familias encargan la muerte a asesinos profesionales.

Los “ataques de sangre” han prevalecido en otras sociedades, como la vendetta de la mafia en el sur de Italia, y la violencia de ataques en represalia entre familias chiitas y sunitas en Irak. Contrabandistas apalaches del siglo XIX también se alzaron en armas para defender el honor familiar.

Sin embargo, el fenómeno ha sido particularmente marcado en Albania, país desesperadamente pobre que está luchando por mantener el estado de derecho tras décadas de dictadura estalinista.

Estos conflictos o luchas de sangre prácticamente habían desaparecido aquí durante los 40 años que gobernó Enver Hoxha, dictador comunista de Albania, quien prohibió esa costumbre, a veces enterrando vivos en los ataudes de sus víctimas a quienes le desobedecían. No obstante, expertos en leyes en Albania dicen que esas luchas estallaron de nuevo después de la caída del comunismo, que trajo consigo un nuevo período de ilegalidad.

Casi mil hombres involucrados en dichos conflictos han escapado al extranjero, algunos de ellos solicitando asilo. Pero, incluso después de eso, docenas de personas han sido cazadas fuera de Albania y muertas por familias vengadoras.

Ismet Elezi, catedrático de derecho penal por la Universidad de Tirana, quien asesora al Gobierno y la Policía con respecto de cómo acometer ese problema, expresó que los cambios recientes al código penal de Albania —incluidas condenas de 25 años a cadena perpetua en la cárcel para quien mate en una pugna de sangre, así como rigurosas penas para individuos que amenacen con tomar represalias— habían contribuido a disminuir esa práctica.

Con todo, notó que algunas personas aún creían más en el kanun que en el sistema de justicia penal, a menudo con devastadoras consecuencias sociales. “La generación más joven ya no está siguiendo los códigos de conducta de la generación mayor”, expresó.

Sociólogos de esta localidad aseguran que estos conflictos habían invertido los roles tradicionales de los sexos en la Albania rural, a medida que las mujeres se convirtieron en las ganapanes de la familia, y los varones se vieron obligados a permanecer en casa y realizar las labores del hogar.

The New York Times

   

© Copyright 2004 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

www.prensalibre.com