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12/01/12 - 00:00 Vida

Clamor por la patria

Este sábado, 14 de enero, el pueblo de Guatemala llega a la culminación de un proceso de vida política, social y económica. Asume la función administrativa que otorga la Constitución de la República a un nuevo gobierno, presidido por el general Otto Pérez Molina, electo democráticamente por el pueblo de Guatemala.

Así llega el momento anunciado, en medio de expectativas realmente optimistas y con la fe de que este país se levantará y podrá ver positivamente hacia adelante, sin importar los reveses y fracasos que ha sufrido, atrapado por sempiternos males, como el engaño y la mentira, la ambición desmedida y el ansia de poder.

Ahora, el pueblo espera con esperanza: ¡Cambio y acción! Visualiza un equipo de hombres y mujeres competentes, integrado por el presidente y sus 13 ministros de Estado y las secretarías de apoyo.

Por alguna razón de peso, la mayoría de guatemaltecos hemos puesto nuestra fe y esperanza en este nuevo gobierno. Claro que estamos conscientes de los grandes problemas que vive el país, que no son superhombres los que llegan a gobernar, pero confiamos en ellos por su integridad, su valentía y su amor por la patria. Porque creemos que están dispuestos al sacrificio para levantar a nuestro pueblo víctima de tanto farsante que se ha aprovechado de su miseria. Se arriesgan a todo con fe a cambio de un ideal, y nada de lo que merece la pena puede lograrse sin sacrificio. Yo visualizo en ellos a hombres y mujeres resilientes, es decir, con la fuerza suficiente para afrontar de la mejor manera posible las adversidades.

Tener fe es ver positivamente hacia adelante sin importar cuán tenebroso se presente el futuro, o cuán doloroso fue el pasado. Tener fe es confiar en lo más importante, que son las personas. Alguien dijo que siempre habrá gente que lastime y traicione la confianza, así que lo que se tiene que hacer es seguir confiando y solo ser más cuidadosos en quien se confía.

Me viene a la memoria un pensamiento del inolvidable Martin Luther King: “La historia tendrá que registrar que la mayor tragedia de esta época de transición social no es el estridente clamor de los malos, sino el asombroso silencio de los buenos”. Porque pasa que mucha gente va tras lo malo y nosotros, los buenos, no hacemos nada, quizá por temor, por comodidad o por cobardía.

Comprendemos, la mayoría de guatemaltecos, que si queremos ver los cambios que necesitamos, la responsabilidad es de todos. Que si de verdad queremos que Guatemala salga de los degradantes puestos que ocupa actualmente en muchos aspectos, nosotros también debemos cambiar, sobre todo, abandonando la cómoda postura del “asombroso silencio de los buenos”.


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