Vida

Enseñanzas que trascienden

Devoción, espiritualidad, entrega y una relación estrecha con Dios es lo que hay en la mayoría de cucuruchos que han logrado que la tradición de llevar a Cristo en los hombros trascienda de generación en generación.

FAMILIA CIFUENTES

FAMILIA CIFUENTES

“Uno sabe que será cucurucho desde que carga por primera vez”, asegura Mario Martínez, quien inició con la procesión del Niño Jesús de la Demanda. A sus 45 años ha sido devoto cargador de cortejos de San José, La Merced, Candelaria y Santo Domingo.

Seguir esta línea de devoción surgió de su papá, Luis Humberto Martínez, y ahora se ha extendido hasta sus hijos y nietos.

“Pienso que hay una característica propia en los guatemaltecos, y es que nos gusta y nos preocupa mantener las tradiciones; sobre todo esta, con la que muchos se identifican desde pequeños: por la música, los olores, los sabores, pero sobre todo por la enseñanza de reflexionar y estar en paz con Dios, que se instruye en familia”, dice Mario Díaz Oliveros, quien fue por 30 años jefe de anda de la procesión de Jesús de Candelaria.

Es así como una tradición heredada, en donde padres enseñan a sus hijos sobre la reflexión, la penitencia y el tiempo de preparación para recibir a un Dios resucitado en el corazón, persiste y se solidifica cada vez más.

“En la Iglesia Católica hay tres manifestaciones de Dios: a través de las sagradas escrituras, del magisterio de la Iglesia y de la sagrada tradición, que los padres enseñan a los hijos de generación en generación”, explica Mike González, quien tiene 47 años de ser cucurucho.

Mike González: Devoción espiritual

“Fue el 2 de abril de 1966, cuando tenía 3 años, que   mis amados padres Miguel Ángel González  y Hari Lam Nakakawa me vistieron por primera vez de morada túnica y paletina negra para cargar al Niño Jesús de La Demanda de La Merced. Durante años miraba a mi papá cargando su Segunda Comisión de Honor de Salida y me hacía la ilusión de  compartir ese mismo peso con él. El 19 de marzo compartí la experiencia que se extendió por 7 años,  hasta que él se tuvo que presentar al cielo.

Transcurrieron 17 años en que mis tres hijos nacieron y  crecieron. Llegó el Domingo de Ramos del 2001 y con gran emoción, Miguel Ángel, el mayor, se hizo mi compañero de turno.

Tenía 19 años cuando me dijo: ‘El día que  me muera, quiero que en mi misa   toquen mis dos marchas preferidas:  La Fosa y la Marcha Fúnebre, de Federico Chopin.  Cosas de patojos, me dije, sin saber   que una semana después, el Domingo de Resurrección, un accidente de tránsito lo arrebataría de mi lado y lo llevaría al encuentro definitivo con el Señor”.

Fernando de León: Entrega de corazón

“Mi abuelo, Raúl Pinot Valdeavellano,  fue encargado general del culto de Jesús Nazareno de La Merced de Guatemala, desde  1964 hasta  1998. Yo siempre fui muy apegado a él y por eso estuve desde muy pequeño en actos de la iglesia. En un mensaje que me dejó  en un cromo me escribió  que nunca perdiera la devoción. Mi papá y mamá también estuvieron involucrados en la preparación de la procesión de La Merced. Ahora mi hijo Alejandro, que tiene 5 años, ya cargará por tercera vez en las procesiones infantiles”.

Mario Díaz Oliveros: Herencia de fe

“En 1951  cargué la procesión de Jueves Santo, de Candelaria. Un año después fui parte del grupo colaborador en la organización de la procesión y por 30 años fui guía de anda.   Mi hijo, Hugo Fernando, me acompañaba a los cortejos y ahora tiene 25 años de ser jefe de anda de la procesión. Mi nieto, Fernando José, se ha involucrado en la música del cortejo; a los 15 años escribió una marcha fúnebre,  Jueves Santo.  Mario Francisco, mi otro nieto, se está  involucrando en ser timonel del anda”.

Mario Martínez; Ejemplo a seguir

“La casa durante Cuaresma siempre estuvo ambientada por olores a corozo, sabores de platillos de la época y por la música de marchas, pero también de un ejemplo a seguir de personas que buscan reencontrarse con Dios y que ven en cada Cuaresma una manera de reflexionar como lo hizo mi padre, un tipo   coherente con sus creencias. Mi papá, Luis Humberto Martínez, cargaba las procesiones tradicionales, y luego con mi hermano Juan Luis continuamos haciéndolo.  Me conmueve saber que mis hijos también tengan ese sentimiento por ser cucuruchos”.

DEVOCIÓN 

Usuarios de Facebook compartieron con Prensa Libre la tradición de ser cucuruchos.

“Con mi hijo, sobrino y mi mamita, en la procesión de Candelaria.  Esta  tradición nos hace estar más cerca de Dios”.

Karla Dubón

“Soy cucurucho porque mi papi (don Luis Bran) me lo heredó desde que yo tengo memoria (1980). Mi papi tiene 78 años y 55 son de cucurucho”.

Sergio Bran

 “Mi hijo Pablo Arístides, que siguiendo la tradición familiar ya es todo un cucurucho a sus 2 años y 10 meses de edad”. 

Jessica Pérez

“En mi familia son más de cinco generaciones de cargadores de la imagen de Jesús de Candelaria Cristo Rey, cada Jueves Santo”.

Andy Hernández

Mis sobrinos Ángel, Kathy y Kenneth. Es una bonita experiencia  que desde pequeños participen en estas actividades”.

Wendy Catalán

“Él es mi hijo Raúl Emilio. Lo vestí de cucurucho porque en mi familia desde bebés nos  hablaron de la Fe”.

Sandy Arrecis

ESCRITO POR:

Axel Vicente, editor de la Mesa de Inmediatez y Tendencias, Prensa Libre, Guatemala.

Axel Vicente

Periodista de Prensa Libre, especializado en audiencias, analítica, SEO, Social Media, Social Listening, con más de 15 años de experiencia en periodismo y con formación por el Knight Center for Journalism, DW Akademie, SputnikPro Journalism Project, Google Analytics Academy.